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jueves, 3 de junio de 2010

Sólo Humano

Capítulo 17


Mi cumpleaños pasó tranquilamente, lo cual...era confuso, por decir poco. No me atreví a contarle que día era –la última cosa que necesitaba era otra celebración fallida-. Me preocupaba que mi cumpleaños fuera el catalizador que me enviara de regreso a mi tiempo –que los aproximadamente dos meses eran todo el tiempo que me había sido dado para cumplir mi deseo.
Pero las horas pasaron normalmente, una tras otra, y yo aún estaba aquí en 1918, aún viviendo la vida que había establecido. Ahora era media noche; el cálido cuerpo de Edward estaba acurrucado a mi alrededor, un brazo colgando de mi cintura, y nada había pasado.
Mi cumpleaños había terminado, y nada había cambiado.
Un tormentoso miedo me mantuvo abierta hasta las tempranas horas de la mañana. Me di cuenta que había estado poniendo todos mis huevos dentro de la muy pequeña canasta que era mi cumpleaños. Si ese día en particular no me enviaría de regreso, ¿qué lo haría? ¿Regresaría una vez mi deseo estuviera completo…y cuánto tiempo tomaría eso? ¿O sería completamente incapaz de regresar, a pesar de lo que pasara?
Sabía que era muy probable que Edward cayera enfermo con la llegada de la epidemia, y si moría…bueno, obviamente, tendría que asegurarme que Carlisle lo cambiara. No lo podría dejar morir; eso me destruiría. Pero una vez él fuera un vampiro, yo no podría quedarme con él…él sería un neófito, con toda la inestabilidad sobre la que Edward me había estado advirtiendo. Él no sería capaz de estar cerca de mí. Y si yo no podía regresar a mi época… ¿A dónde iría?
Finalmente me quedé dormida con esos pensamientos rondando mi cabeza, y soñé con estar perdida en la oscuridad, incapaz de encontrar mi camino a casa. Seguí llamando por Edward, pero él nunca vino.
Desperté hacia más oscuridad, pero Edward estaba ahí, sacudiéndome con suavidad. "¿Bella? ¿Estás despierta?"
"Si..." todavía estaba medio en mi sueño, desorientada.
"Me estabas llamando en tu sueño," explicó mientras su cálida mano acunaba mi mejilla. "¿Estás bien?"
"Sólo fue un mal sueño," respondí, acurrucándome en él. Su calidez era reconfortante. "Estoy bien ahora,"
"Sonabas tan asustada," susurró Edward, acariciando mi cabello tiernamente. "Me sentí inútil; no me gustó."
"Lo siento," sonreí. "Supongo que tendrás que encontrar una forma de caminar en mis sueños y rescatarme de mi subconsciente."
Edward rió. "Cierto. Como si yo alguna vez pudiera vagar alrededor de la mente de las personas."
Afortunadamente, Edward asumió que yo me estaba riendo de la broma.
Septiembre 13 se convirtió rápidamente en septiembre 20. Eso me sorprendía, el ritmo al que parecía estar volando el tiempo. Se sentía como si apenas fuera ayer cuando había caído en esta época y había posado mis ojos sobre un Edward humano. De hecho, cada vez que ponía mis ojos sobre él se sentía como la primera vez. Mi mente no podía simplemente ajustarse a ello.
Creo que hoy había sido un poco demasiado útil. A Elizabeth no le importaba que pasara tanto tiempo en la cocina si yo realmente quería, pero a la cocinera si le importaba que yo me volviera un estorbo –y derramara. Yo derramaba mucho. Por lo que había sido enviada a comprar manzanas, ahora que estaban en temporada, mayormente para hacerme sentir útil. La tarta de manzana planeada era sobrante dado a la torta ya horneándose en el horno.
Otro que mi miedo de encontrarme con Norman –lo más seguro es que terminara dándole un rodillazo en la ingle, y eso no era muy femenino- era un hermoso día. El vendedor, un hombre de mediana edad, me sonrió cálidamente mientras examinaba la selección, escogiendo las mejores manzanas.
Casi había terminado cuando hubo un alboroto tras de mí. Me di la vuelta, viendo una multitud de gente rodeando a un hombre en el suelo. Cuando me di cuenta exactamente de lo que estaba presenciando, me congelé en mi lugar, dejando caer al polvo una olvidada manzana roja.
El hombre era pálido y sudoroso, claramente enfermo. Estaba luchando por levantarse, pero se veía demasiado débil. Dos hombres estaban intentando ayudarlo, pero parecía tener una débil noción de conciencia.
Se veía como la gripe. Y yo sabía que la gripe de este año no sería normal; sería devastadora.
Me apuré a casa, manzanas olvidadas.
Una vez llegué a casa, me di cuenta que había exagerado un poco. Tal vez lo que había visto era simplemente un hombre enfermo con una cepa perfectamente normal de gripe. Después de todo, podría no ser la epidemia que yo estaba esperando. Y todo estaba perfectamente normal en el hogar Masen. Elizabeth estaba en su escritorio, trabajando sin parar en su correspondencia, lo que fuera que eso implicara. Y ambos Edward, Sr. y Jr. estarían en casa pronto. Todo era como debería ser.
Cuando Edward finalmente llegó a casa, estaba animado de modo alarmante. Con prontitud me arrastró fuera de la sala, subiendo las escaleras hacia mi cuarto. Consideré las posibilidades; ¿se estaba volviendo a poner inquieta su virtud?
"Tengo algo para ti," dijo con emoción mientras cerraba la puerta tras nosotros. Me senté cautelosamente sobre mi cama, examinando sus sonrosadas mejillas y brillantes ojos.
"Está bien," suspiré. No iba a arruinar su diversión, no esta vez. "Estoy lista."
Metió su mano en el bolsillo de su chaqueta y hundió en una rodilla. Luché la urgencia de enterrar mi cara en mis manos y bloquear la imagen. ¿De verdad me iba a lo proponer otra vez?
Oh, pero si que lo iba a hacer. La pequeña caja en su mano se burlaba de mí mientras él me miraba a los ojos con esperanza"
"Isabella Swan, esto lo hará oficial," dijo, incapaz de mantener alejada la sonrisa de su cara. Que romántico empedernido era. "Juro, que te amaré por el resto de mi vida. ¿Te casarás conmigo?"
Su vida sería mucho más larga que lo que él jamás había imaginado, pero aún así, sabía que las palabras era absolutamente verdad. Él me amaría para siempre… cada día de la eternidad, justo como había prometido. Mi corazón se encogió.
Edward abrió la diminuta caja, revelando un pequeño anillo asentado en el forro de tela. Era dorado, y mucho más pequeño que el anillo de su madre –un zafiro circular con un diminuto diamante acomodado a cada lado. Sonreí. Él había trabajado tan duro para comprar ese anillo.
"Si, Edward. Por supuesto que me casaré contigo."
Él recompensó mi tolerancia con su sonrisa torcida y felizmente deslizó el anillo en mi mano izquierda. El nuevo peso sobre mi dedo era reconfortante; me había sentido extraña sin los primeros anillos que Edward había puesto sobre mi dedo.
"Es muy bonito," comenté, divertida por la contenta expresión sobre su cara. "¿Qué te hizo escoger un zafiro?" Él no podría saber que era mi piedra de nacimiento.
Edward se encogió. "Simplemente me recordaba a ti. Se ve como si está llena de pensamientos secretos y misterios…y es hermosa, por supuesto."
Él se levantó de su rodilla y se unió a mi sobre la cama. Su brazo me abrazo alrededor de la cintura y su mentón descansó sobre mi hombro mientras inspeccionaba mi recién adornada mano. "He estado pensando", murmuró. Su aliento revoloteó contra mi oído, haciéndome temblar. "Si puedo convencer a mi padre de dejarme conseguir un mejor trabajo dentro de los siguientes meses, podemos casarnos en un año. Si ahorro correctamente."
Mi corazón se rompió por él. ¿Cómo podría decirle que no tenía otro año? ¿Que ninguno de los sueños que colgaban fuerte de sus palabras se volvería realidad?
Puse una sonrisa falsa antes de besarlo, con fiereza, tratando de decirle sin palabras cuanto lo lamentaba. Él malinterpretó mis desesperación por entusiasmo, respondiéndome sin abandono. No me importó; me gustaba la sensación de sus dedos enterrándose en mi espalda y su lengua deslizándose contra la mía.
El timbre metálico de la campana de cena destrozó el momento. Nos apartamos de mala gana, ambos con caras coloradas y cortos de aliento.
"Creo que ella hizo eso a propósito," dijo Edward con pesar, echando hacia atrás en el cabello que se había soltado de mi moña mientras nos besábamos.
"Podemos reasumir esto luego," dije, a lo cual él sonrió"
"Más nos vale."
Mano en mano, bajamos a cenar. Sus padres ya estaban sentados, levantaron la mirada ante nuestra entrada. Los ojos de Elizabeth se fijaban detenidamente en mi mano izquierda, pero gracias al cielo, no se paró de un salto y la agarró como estaba medio esperando. Simplemente me dio una cálida sonrisa mientras Edward sacaba la silla para mí.
La pequeña charla normal siguió – Elizabeth preguntó como había sido el día de su esposo y su hijo, como la devota madre y esposa que era. Edward no paró de sonreír durante la duración de la comida, pero su padre no pareció notarlo. De hecho, su padre había estado un poco fuera de ello todo el tiempo. Le eché un vistazo más de cerca y noté que estaba sudando. Pero estaba un poquito caliente. Podría ser nada.
Al parecer, no fui la única que lo había notado. Ahora Elizabeth estaba mirándolo detenidamente con una expresión de preocupación, y Edward se dio cuenta también.
"¿Padre? ¿Estás bien?"
Edward Masen, padre, levantó la mirada con cara de sueño. "Bien, bien. Sólo un poco enfermizo, supongo."
"Quizás deberías recostarte," sugirió Elizabeth, sintiendo su frente con la parte de atrás de su mano. "Estas afiebrado, corazón."
"Podrías estar en lo cierto," suspiró. "Si creo que me recostaré un rato..."
Se paró temblando de la mesa y vagó casi sin rumbo fijo fuera del cuarto. Miré entre Edward y Elizabeth, quienes estaban frunciendo el ceño de preocupación de igual forma.
"Quizás debería ir a revisarlo," dijo Elizabeth, tirando de lado su servilleta. Se movió de modo calmado desde la mesa, pero era fácil ver el pánico en sus ojos. Él pánico que estaba esparciendo rápidamente a través de mi cuerpo. Miré a Edward, quien ahora me estaba viendo.
"Edward, ¿qué es?"

Él agachó su mirada hacia su medio terminada comida, claramente considerando lo que quería decir. "Sólo estoy…preocupado, Bella. Hubo historias en el periódico el mes pasado sobre un epidemia en Boston, alguna clase de…congestión en los pulmones. Mataba en días….horas, en ocasiones. Y si…"
"¿Y si llega aquí?" terminé, ya habiendo alcanzado esa conclusión. "Vi a alguien colapsar en el mercado hoy. Él estaba demasiado débil para pararse…"
Su garganta se tensó mientras tragaba con dificultad. "Pienso que deberías dejar la ciudad por un tiempo, Bella. No quiero arriesgarte a atrapar esto.

"No sin tí," discutí, sabiendo que él nunca dejaría a sus padres ahora.

"No puedo – soy necesitado aquí, Bella." Sus ojos me rogaron, pero esta vez no podía darle lo que quería.

"Si tú estás aquí, eso significa que soy necesitada aquí también. No te dejaré ahora. Y también me preocupo por tus padres – soy parte de esta familia ¿no? No puedo escapar."

Edward suspiró, su expresión adolorida. "Sabía que no aceptarías, pero de todas formas tenía que preguntar. Pero Bella, si algo te pasa -"

"Shh ahora," dije, estirando mi mano a través de la mesa por la suya. "Nos sobrepondremos a esto juntos."

Y le di una tranquilizante sonrisa que no sentí, pero sus hombros se relajaron de todos modos. Tal vez me había vuelto mejor mentirosa desde que había venido al pasado.
No quería nada más que treparme a sus brazos y llorar, pero esta vez, yo tenía que ser la fuerte y desinteresada. Edward nunca podría saber cuan malo se volvería esto, y yo no podría dejar que mis miedos me manejaran. La posibilidad de que todos sucumbiéramos antes la influenza existía –no tenía garantía que yo no caería victima también-. Pero tenía que hacer lo mejor que pudiera para cuidar a Edward ahora; me podría preocupar por mi después.

viernes, 5 de marzo de 2010

Sólo Humano

La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. "Only Human" pertenece a Amethyst Jackson

Capítulo 16
Conforme septiembre llegaba a toda prisa, Edward finalmente encontró un empleo. Esto tomó tiempo –los empleos de oficinista venían mucho más baratos de lo que Edward estaba dispuesto a aceptar como salario-, y al final, le tomó al padre de Edward pedir algunos favores y conceder otro pocos para que alguien le ofreciera trabajo a Edward.
Podía decir que él no estaba para nada complacido con la situación. Aunque nunca lo dijo, sabía que lo irritaba la idea de deberle a alguien algo. Ya estaba erizado por tener que ir a cócteles con su padre.
"…y la peor parte," continuó despotricando mientras yo lo miraba juguetear con su corbata en su primera mañana en el trabajo, "es que no gano ni de cerca tanto como podría ganar haciendo algo más, y aún así tengo que estar 'agradecido' por la oportunidad porque es sólo un favor."
Luché valientemente por mantener una cara seria, pues el podría verme en el espejo, sentándome sobre la cama detrás suyo - pero eventualmente se dio cuenta que me estaba sacudiendo de la risa y me miró con el ceño fruncido – lo que sólo me hizo reír más.
"Oh, Edward." Me puse en pie y fui hacia él, alisando su chaleco. "Es sólo un trabajo, ¿recuerdas? Es sólo hasta que hayas satisfecho a tu padre, no para siempre. Y lo más importante, yo te esperaré. No tienes que ganar todo el dinero en el mundo de modo que puedas llevarme rápido al altar. Yo aún estaré aquí."
Mis palabras de ánimo tuvieron el efecto deseado - la boca de Edward se torció en su involuntaria sonrisa, y sentí sus hombros relajarse bajo mis manos.
"Tal vez tu puedas esperar," dijo, "pero estoy no seguro que yo pueda."
"Sólo tendrás que recordar que la paciencia es una virtud," dije, empinándome en la punta de mis dedos para besarlo. "Y yo soy, después de todo, la guardiana de tu virtud. Mejor que me escuches."
Edward resopló, aunque mantuvo nuestros cuerpos cerca. "Estoy empezando a pensar que eres la guardiana de mi virtud más pésima que pude haber encontrado. Me encuentro a mi mismo en peligro a cada paso."
"Un burro hablando de orejas," dije, apuntándolo a él y luego a mí. "Ahora, creo que tienes aproximadamente 20 minutos. Mejor que empieces a moverte."
A regañadientes se alejó y puso su chaqueta sobre sus hombros. Vestido como un verdadero hombre de negocios, si que se veía devastadoramente apuesto. Su chaqueta azul marino y pantalones resaltaban en perfecto contraste con su cobrizo cabello; un chaleco a rayas enfatizaba su delgado y sólido torso; y la corbata era como un moño sobre el hermoso paquete esperando para ser abierto. No estaba entusiasmada en que se fuera más de lo que él estaba.
"Te veré cuando llegue a casa," suspiró, besándome una última vez.
"Estaré esperándote," dije mientras lo seguía abajo hacia la puerta principal. Me lanzó una gran sonrisa sobre su hombro antes de salir a la calle.
Mientras los hombres no estaban, Elizabeth trató de enseñarme a tejer. Era increíblemente doméstico, y no estaba segura de que realmente me gustara. Nunca había sido muy buena con lo doméstico.
"No te preocupes, para mí tampoco fue por naturaleza," dijo Elizabeth, luchando por no reírse del lío enmarañado que había hecho de mi hilo. De alguna forma había formado un montón de nudos en mi regazo en vez de una hilera de puntadas como se suponía tenía.
"Nunca he sido muy buena en esta clase de cosas," suspiré, flexionando mis cansados dedos que habían pasado horas agarrando una aguja. "Tú sabes, cosas hábiles. Todo lo que puedo hacer es cocinar."
"Bueno, esa es la importante," rió Elizabeth. "A Edward no le importará que no puedas zurcir sus calcetines si está bien alimentado."
Tartamudeé por mi sorpresa, a lo cual ella sonrió gentilmente. "Si, Bella, yo se. Edward me dijo que quería casarse contigo –pero aunque no me lo hubiera dicho, yo lo habría sabido. Puedo leer a mi hijo como a un libro abierto. Y es por eso que se que tu eres exactamente lo que él necesita. Estoy contenta de saber que él te tendrá cuidándolo."
Mi garganta se sentía demasiado ajustada, haciendo difícil el respirar. ¿Se sentiría ella de la misma forma si supiera que yo estaba condenando a Edward al dejarlo permanecer en la ciudad? "Espero, espero poder," dije finalmente, picoteando mi montón de tejidos fallidos.
"Se que podrás," respondió Elizabeth, palmeando mi mano. "No me refiero tanto a físicamente… él es un chico, por lo que dudo que alguna vez olvide comer. Pero a veces se pierde tanto en su propia cabeza que no ve el cuadro completo. Y creo que tu eres la chica exacta para hacerlo ver."
Mi sonrisa era un poquito llorosa, pero no pude evitarlo. Esta mujer era mejor de lo que alguna vez había soñado que la madre de Edward podría ser, y estaba siendo tan amable conmigo. Sería tan doloroso decirle adiós. "Gracias, de verdad. Por todo."
"No hay nada por lo que agradecerme," dijo Elizabeth. Estiró su mano y recogió mi torturado proyecto. "Creo que mejor nos rendimos con este."
Acepté de todo corazón.
Cuando Edward regresó a casa, la expresión en su cara sugería que acababa de regresar de una zona de guerra. Estaba exhausto, y un poquito gruñón para empezar. Realmente no me importaba; comparado con uno de los estados de ánimo de mi Edward, este Edward era sólo sencillamente lindo.
Edward no me pidió permiso antes de escabullirse dentro de mi cuarto esa noche, y no podía culparlo. Sería ridículo, dado su obvio cansancio y la mueca en su cara, acusarlo de tener intenciones impuras.
"¿De verdad fue tan malo?" Le pregunté mientras dejaba caer su cabeza sobre mi hombro. Pasé mis dedos sin rumbo fijo por su cabello; eso siempre lo relajaba.
"Supongo que pudo haber sido mucho peor," suspiró Edward. "No debería quejarme. Pero ese trabajo es tan tedioso, y parece que siempre estoy haciendo vueltas y aceptando órdenes. Preferiría estar haciendo una labor manual que desperdiciando mi poder mental en esta tontería."
Bufé. "¿Qué clase de ley es?"
"De propiedad," dijo Edward con desagrado. "Terriblemente aburrido. Debía haber demandado algo en la ley criminal. Al menos ahí había algunas buenas historias."
"Tu serías un terrible abogado con pretensiones de superioridad moral," me reí, imaginándome a Edward en un papel en La Ley y El Orden (Law and Order, el programa XD). Ningún jurado tendría una oportunidad contra sus poderes persuasivos.
"Discutiría, pero estoy demasiado cansado," suspiró Edward, metiendo su cabeza en mi cuello. "¿Puedo simplemente esconderme en tu cama para siempre?"
"Podrías, pero tengo el presentimiento que alguien pensaría en buscarte aquí. Especialmente si yo me quedo contigo."
"Hmm..." ya se estaba quedando dormido. Besé su frente y lo abracé con fuerza; la necesidad de protegerlo y de preocuparme por él surgió con fuerza en mi interior. Él era tan vulnerable, de las formas humanas y también en las formas que afectaban a mi Edward, aunque él trataba de esconderlas mucho más. Se me ocurrió que nunca había hecho tanto como pude para proteger a mi Edward –no de los peligros externos, sino de si mismo. Si regresaba… cuando regresara, eso cambiaría. Me haría cargo de él como él necesitaba, como él merecía.
Los días pasaron volando mientras yo caía en una fácil rutina. Edward me besaba de despedida cada mañana e iba a trabajar. Yo haría de todo lo que podía para ayudar en la casa –por muchas veces que Elizabeth insistiera en que no era necesario, y por muchas veces que Edward dijera que su padre no tenía nada contra mí, yo aún me sentía como una carga, y no quería darle a ninguno de ellos razón alguna para que cambiaran su opinión de mí. Por lo que ayudaba con la cocina y la limpieza, aún cuando Elizabeth trataba de convencerme que los sirvientes podían encargarse. Yo hacía recados, ayudaba en el jardín, e inclusive seguía luchando por tejer y coser, aunque no mejoré mucho.
Hoy era septiembre 12. Un día antes de mi cumpleaños, no que mi cumpleaños realmente significara algo en esta época. Sólo habían pasado un par de meses desde que había celebrado mi cumpleaños en mi tiempo. Todavía no sabía por qué mi deseo había enviado al 17 de julio, de todos los días, pero me había rendido en esa pregunta.
Estaba afuera e iba hacia la tienda de telas en búsqueda de hilo. Hoy las calles estaban a reventar; era el día más fresco desde que había llegado. No podría culparlos por querer salir.
En el interior de la tienda, todo estaba silencioso. Había otras dos mujeres comprando juntas, mirando delicadas sedas. Me encaminé hacia los rollos de hilo arrinconados al otro lado de la tienda, mirando los diferentes colores. No estaba segura de qué comprar.
Me estaba debatiendo entre dos tipos de amarillo para hacerle juego a la tela que sería usada cuando sentí el marcado escalofrió de ojos mirándome. Echando un vistazo sobre mi hombro, vi a la última persona con la que quería tener un encontrón hoy acercándose con una sonrisa que no era nada menos que salvaje.
"Bella, me estaba comenzando a desesperar por no verte de nuevo," dijo Norman, acercándose junto a mí. Retrocedí un paso; él hacía que mi piel se estremeciera de manera poco agradable.
"He estado ocupada con Edward," dije con mordacidad, cruzando mis brazos de modo protector sobre mi pecho.
"Ah, si, Edward," sonrió Norman con maldad. "Escuché que decidió renunciar a la escuela, que ha tomado un trabajo de oficinista. Que poco digno. ¿No quieres a alguien más refinado? Una chica como tú merece un hombre verdadero."
Resoplé en su desdeñosa cara. "Tengo un hombre verdadero. Hablando de ello, ¿no debería estar usted en la escuela justo ahora, metiendo a hurtadillas jóvenes e inocentes chicas a su cuarto?"
"Ya he terminado," respondió Norman sin problema. "Yo estaba un año adelantado a Edward. Ahora no intentes decirme que el pequeño Edward ha estado satisfaciendo todas tus necesidades."
"Nado sobre Edward siendo pequeño," dije con rudeza. "Y estoy perfectamente satisfecha."
Norman se recostó contra los escaparates con sus brazos cruzados, fingiendo una vaga sonrisa –pero vino como una mirada maliciosa. "¿Está segura, Srta. Swan? ¿Él la hacer gritar? Porque de otro modo no lo está haciendo bien."
Mi temperamento estaba llameando, y sabía que estaba entrando a territorio peligroso, pero él me provocó. "Él lo está haciendo bien," siseé. "Y si usted no me deja sola, juro que lo patearé donde el que gritará será usted".
Eso no tuvo el efecto deseado. En vez de huir de mí, se rió con fuerza. "Así que has dejado a Edward meterse bajo tus faldas, ¿verdad? Me pregunto que tendrían que decir sus padres si supieran."
No podía admitir muy bien que nunca había tenido sexo con este Edward cuando había acabado de defender su destreza, pero su amenaza me agitó.
"Ellos no sabrán."
"Oh, pero yo debería informarles," dijo Norman con inocencia. "Ellos deberían saber qué clase de chica esta juntándose su hijo."
Achiqué mis ojos, apretando mis puños. Sentí mis lagrimales reacciones, como siempre lo hacían cuando estaba enojada. "Ellos nunca te creerían sobre Edward."
"No te preocupes, Bella. Puedo ser muy persuasivo cuando lo necesito. He hecho mis tarea, Bella. Se que no tienes familia, amigos. Cuando ellos te pateen a la calle, tal vez reconsideres tu actitud hacia mí."
Con esa amenaza final, él me dejó. Esperé hasta que hubiera salido bien despacio de la tienda antes de volverme hacia el hilo olvidado, lágrimas derramándose por mis mejillas. Él no podría tocarme, me dije a mi misma. Le explicaría lo que había pasado a Edward, y él entendería. Elizabeth nos creería a nosotros, no a Norman. Y ella podría convencer a Edward padre que no había nada por lo cual preocuparse, nada en absoluto.
Pero eso aún no detuvo mis manos de temblar un poco mientras las estiraba para alcanzar los carretes, sin prestarle atención a cual tono cogía.
Edward me pinchó con un dedo, bajándome de las nubes. "¿Qué sucede?" preguntó, quitándome el libro sin leer de mis manos. "Has estado distante toda la noche."
"Oh, um… bueno… tuve un encuentro poco placentero hoy," admití, sabiendo que era inútil resistírsele. Él me lo sonsacaría de una forma u otra.
Edward achicó sus ojos. "¿Qué clase de encuentro poco placentero?"
"Norman Bouchard," suspiré, viendo sus puños apretarse automáticamente. Su cuello se había puesto rojo; Me preocupé que se hiciera daño – o lastimara a alguien más.
"¿Qué te dijo?" Demandó Edward. "¿Hizo él...se de insinuó de nuevo? Porque juro…"
"Fue sólo lo usual," lo interrumpí. "Trató de volver a insinuar que yo no estaba...tu sabes, satisfecha, y yo…bueno, yo estaba enojada, por lo que más o menos insinué que… que me estabas… satisfaciendo." Las insinuaciones eran un dolor de cabeza.
Las mejillas de Edward se habían vuelto rosadas, pero parecía como si alguna de su rabia se había desvanecido. "¿Y cómo se tomó él eso?"
Fruncí el ceño. "Amenazó con contarle a tus padres."
Edward consideró eso por un momento. "Eso me suena como algo que Norman haría."
"¿No estás preocupado?" Pregunté, buscando consuelo. ¡Edward me rodó sus ojos!
"Bella, mis padres te aman y confían en mí. No hay nada por lo que preocuparse. Incluso su hubiéramos… lo que quiero decir es, estamos comprometidos. No que yo aprobara eso," tartamudeó, "pero si de todas maneras nos fuéramos a casar, no sería tanto escándalo…ahora supongo que realmente necesitas un anillo."
Me quedé mirándolo con la boca abierta, pero él ya había comenzada a mascullar cálculos sobre su salario y cuando podría comprarme un anillo decente. Suspiré y volví a tomar mi libro. Déjale a Edward el usar una mala situación como excusa para ser aún más…matrimonial.
Tendría que decirle a mi Edward que no había cambiado ni una pizca.

domingo, 24 de enero de 2010

Sólo Humano

La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. “Only Human” pertenece a Amethyst Jackson.



Capítulo 15
El miedo era claro en los ojos de Bella cuando entró volando a mis brazos. No podía creer que había dejado que esto sucediera. Nunca debí haberla dejado salir sola, nunca debí habérsela presentado a Norman. Por lo que yo sé, él nunca se había forzado sobre alguna mujer, pero no diría que no lo ha tratado. Él nunca iba a poner sus manos sobre mi Bella, jamás. No si tenía que vigilarla cada segundo del día…
Paseé incansablemente entre los árboles que no había dejado desde que Bella había desaparecido horas atrás. Por mi cuenta, había pasado una semana en 1918...no sabía porque lo días parecían pasar en horas para mí, pero eso no era necesariamente reconfortante. Eso significaba que cada sencillo minuto estaba lleno de nuevos posibles peligros para Bella... y yo no podría hacer nada sobre ellos.
Mi yo pasado la amaba tanto como yo lo hacía, eso era seguro – incluso los recuerdos de las emociones eran suficientes para quitarme el aliento en ocasiones. Yo la defendería como una fiera...pero era humano en esa época, así como ella, y ambos éramos tan vulnerables. ¿Cómo podría protegerla cuando era tan débil? Y la peor parte era que la versión humana de mí era como todos los humanos –ingenuo y en negación-. Yo no creía que nada me pudiera pasar, creía que era lo suficientemente fuerte –y estaba tan equivocado-.
Edward, querido, no puedes mantener a Bella encerrada en la casa para siempre,” me regañó mi madre, quitándome de las escaleras. “Sácala, entretenla.”
Me paré en seco fuera de la sala, mirándola. Estaba leyendo un libro, tratando de salvar cualquier pequeña brisa que viniera a través de las ventanas. Vi la línea de sudor hacer un camino bajo su suave cuello; la vista me inundó de calor, y de repente tenía la desesperada necesidad de alivio…
Tenía que reírme de mí mismo, abrumado por las típicas hormonas humanas. Nunca antes me había interesado una chica de esa forma, con el paso de los días me confundía más. La inocencia era…refrescante, de una forma.
Nadar. Bufé. Se lo había disfrazado a mi madre como una forma de entretener a Bella, como ella quería, pero en realidad, era una excusa para verla medio desnuda, ya sea si quisiera admitírmelo a mi mismo o no. Funcionó, también, pero claro que lo haría. Bella no era de las que se contenían, ni siquiera por las restricciones de su época…ella podría hacer toda clase de daños en la mía.
¡Válgame Dios!, ¿ella iría tan lejos con mi yo pasado? Metí mi cara en mis manos y sacudí mi cabeza. Claro que lo haría, si yo lo quería. Y yo definitivamente lo quería. No estaba seguro de como me sentía sobre eso –por supuesto, podía sentir el intenso deseo de mi yo pasado por ella, la necesidad de placer alguno - pero no estaba seguro de cómo podría ver a Bella con mi yo pasado en un acto tan íntimo…
“Esos son tus recuerdos,” me recordé a mi mismo en voz alta, tratando de taladrármelo en la cabeza. “Ella está contigo por lo que es ridículo estar celoso.”
“¡No jodas, Sherlock!” la voz de Emmett llamó desde la casa. Gruñí con frustración; ¿Cómo no me había dado cuenta de lo ruidoso que estaba siendo?
Suspiré y me dejé caer al lado de mi usual árbol. Tal vez tan solo debería dejar de procesar todo esto y aceptar mi rol como espectador. No es como si realmente pudiera cambiar algo de lo que estaba ocurriendo en el pasado, así que si bien podría tratar de permanecer calmado por todo, si no es que disfrutarlo.
Podía sentir mis ojos abriéndose conforme ella salía del agua. Su camisola de algodón se colgaba como una segunda piel a su cuerpo, delineando las perfectas curvas de sus senos y cadera. Podía ver claramente las oscuras manchas de sus pezones, la mancha de cabello entre sus piernas. Bien podría haber estado desnuda –no que me hubiera estado quejando si lo estuviera.
Alejé rápidamente mis ojos de ella, pero el daño había sido hecho. Nunca, jamás sería capaz de borrar la imagen de mi mente. Bella era…perfecta. Todo lo que una mujer debía ser –suave y curvilínea y atractiva-. Mi mente su fue sin permiso hacia el pensamiento de nuestros cuerpos desnudos presionándose juntos, como su cálida y suave piel se sentiría contra la mía…
En medio del solo pensamiento, sentí a Bella viniéndose sobre mí, y entonces de repente estaba en el suelo, con todo lo de ella presionado contra mí, exactamente como había estado soñando. Era demasiado para soportar. Mirando a sus ojos, pude ver exactamente lo que quería –deseo-. Nuestras piernas desnudas estaban enredadas juntas; sus manos reposaban sobre mi pecho. Había un leve movimiento cada vez que respiraba, y esa pequeña fricción me volvía loco. Y su cadera estaba peligrosamente sobre la mía. Si estuviéramos desnudos, sólo tomaría un pequeño movimiento el…
Bella,” gruñí, de repente en movimiento. Fue puro instinto lo que me condujo a acorralarla bajo de mí y chocar mis labios en los suyos. No creí que pudiera detenerme a mi mismo. Gracias al cielo, a ella no parecía importarle –sus suaves labios respondían con urgencia mientras sus dedos se enterraban en mi cuero cabelludo y su cuerpo se levantaba para encontrar el mío. Gemí sin poder hacer nada mientras nuestras lenguas se enredaban. Nada, nada nunca se había sentido así de bien.
Seguí un riachuelo de agua bajo su cuello con mi lengua, tan semejante de la línea de sudor que me había cautivado antes. Mis manos cayeron sobre su cadera y sus muslos, acariciando todo lo que podía, aunque no me atreví a tocar los lugares que más tentaban –sus suaves senos o el acalorado lugar entre sus piernas en el que mis caderas se mecían compulsivamente…
¡Edward!” Gimió ella, abrazándome más fuerte, y de repente todo entró en foco.
Esta era Bella, mi Bella, y yo esta dando vueltas con ella en el piso como cualquier animal. Ella merecía algo mejor. Yo tenía que darle algo mejor.
Ella dio un gemido de protesta, pero yo no podía mirarla hasta que me pusiera a mi mismo bajo control. “Lo siento, Bella, no puedo,” le dije, deseando poder casarme con ella en este instante y hacerla mía una y otra vez.
¿Por qué? Su voz estaba herida, y mentalmente me di una patada. Nunca debí haber llevado las cosas tan lejos.
Te amo demasiado, Bella. Quiero obrar bien para ti.”
Sus ojos estaban bien abiertos, tan profundos e ilimitados como el cielo de la noche, mientras me miraba. Esperé jadeando, aterrado. ¿De seguro no había malinterpretado todo entre nosotros?
Su mano se estiró hacia mi cara, calmando mis miedos. “Te amo, Edward.”
Mi pecho se sintió demasiado lleno de alegría; amenazaba con estallar. De repente un futuro brillante y hermoso se dibujó frente a mí en un millón de coloridas posibilidades, y yo era incapaz de no estirarme para alcanzarlo. Agarré firmemente sus manos como si eso la retuviera aquí conmigo para siempre.
Di que esperarás por mí, Bella,” rogué, miré su sobresaltada cara cuidadosamente buscando una reacción. “Voy a renunciar a la escuela, conseguiré un trabajo –voy a establecerme de modo que pueda hacerme cargo de ti. Di que estarás ahí, Bella, por favor. Di que un día te casarás conmigo.”
Si la espera por la primera respuesta fue difícil, la espera por esta fue atroz.
Si. Si, un día me casaré contigo.”
Me quedé mirando, aturdido, el oscuro bosque, luchando por encajar el recuerdo en su lugar. Con el tiempo, mis emociones se establecieron en un inesperado sentimiento de gratitud. Bella estaba haciendo todo esto porque me amaba –entonces y ahora-. Yo sabía cuanto le había costado el casarse conmigo en nuestra época, el renunciar a todo lo que alguna vez había esperado tener. Ahora ella me estaba dando lo que yo siempre había querido, atrás en el tiempo cuando significaba más. Aunque aquello no podría durar –y ella debe saber eso- le estaba dando a mi pasado yo toda la alegría posible antes que mi vida cambiara para siempre hacia la oscuridad. Ella me estaba dando la vida humana que siempre había querido… y estaba agradecido.
Alice me convenció de tomarme un descanso de mi “acecho de los recuerdos”, como lo llamó, para cazar. No me había alimentado desde la mitad de la luna de miel cuando habíamos parado en Rumania… Bella pensó que sería divertido visitar la tierra de Drácula. Le sonreí al recuerdo de ella usando esos ridículos colmillos de plástico que les vendían a los turistas.
Si es así como te ves de vampiro, creo que necesito reconsiderar.”
Ella se movió para darme un puño en el hombro y luego se alejó, repensando. “Sabía que debería haberte dejado en el altar,” bromeó.
Tonta, no habría funcionado. Yo te hubiera alcanzado en segundos y te hubiera arrastrado de regreso.”
Suspiré, corriendo sin rumbo fijo y sin prestarle mucha atención a la caza. Cuando me dejé pensar libremente, se volvió demasiado aparente cuando extrañaba realmente a Bella. Aún no se había ido ni por 24 horas, pero se sentía como la eternidad con los nuevos recuerdos volando a través de mi cabeza. ¿Cuántas horas más hasta que estuviera conmigo de nuevo?
Empujé mi cuerpo tan rápido como podía, corriendo bien entrada la mañana. Cuando finalmente me detuve, estaba a horas de casa. Tomé la oportunidad para cazar, para apagar todo menos mis instintos. Fue un respiro bienvenido. Y cuando regresé a mis sentidos, traté de seguir ignorando los recuerdos mientras corría de regreso –pero estos revolotearon por mi mente como pequeños colibríes, siempre presentes en mi subconsciente. Estaba bien; el pasado estaba siendo bastante tranquilo.
Cuando llegué a casa, me di cuenta que el ejercicio había ayudado. Mi mente se sentía menos abarrotada; podría enfrentar el pasado de nuevo.
… “Necesitas un anillo,” dije, inspeccionando su limpia mano izquierda donde la sostenía en la mía. Sus dedos se doblaron alrededor de mi mano, apretándole levemente.
Bella sacudió su cabeza, sonriendo, pero era una sonrisa ausente, como si recordara algo que la divertía, algo a lo cual yo no estaba invitado. “Eso no es importante.”
Claro que lo es,” fruncí el ceño. “Quiero que el mundo entero sepa que eres mía.”
Se que soy tuya,” dijo Bella, besándome suavemente. “Eso es todo lo que importa.”…
… “dime de nuevo.”
Ella rió. “Te amo.”
Eso es todo lo que necesitaré.”…
… “Le has preguntado, ¿cierto?” Los ojos de mi madre me miraron astutamente.
Si. Por supuesto que lo he hecho. ¿Cómo podría arriesgarme a dejarla escabullírseme?”
A tu padre no le gustará. Sabes que tiene planes para ti.”
A mi Padre no le tiene que gustar. Él no es el que tiene que vivir sus planes. ¿Qué piensas sobre ello?”
Elizabeth Masen sonrió suvamente. “Creo que ella es exactamente lo que necesitas. Estoy feliz por ti, pero no envidio que tengas que darle las nuevas a tu padre.”…
… “Edward, ¿qué, en nombre de todos los santos, se ha metido en tu cabeza? ¿Renunciar a la escuela? ¿Qué sobre la universidad, la escuela de leyes? ¿Exactamente qué piensas que vas a hacer con tu vida sin alguna clase de educación? ¿Trabajar en una fábrica?”
Mi padre paseó furiosamente detrás de su escritorio mientras hablaba. Yo me senté en la silla al otro lado de este, esperando a que terminara.
Trabajaré donde tenga que trabajar,” respondí. “Padre… no se lo que quiero hacer exactamente. Pero estoy bastante seguro que no quiero convertirme en abogado. Y si de seguro no quiero esperar años para casarme con Bella.”
Mi padre finalmente se detuvo en seco, mirándome con incredulidad. “Tu… ¿tienes la intención de casarte con ella?”
Le he preguntado, y ha aceptado. No te opones, ¿cierto? Pensé que ella te gustaba”.
Frotó su frente cansinamente. “Si me gusta. Pero eso no cambia el hecho que no tiene familia, nada a su nombre...”
Eso es difícilmente su culpa,” dije bruscamente.
No, no, por supuesto que no, es sólo… eres tan joven, Edward. No tienes idea de la clase de retos que la vida puede traer. Deberías pensar cuidadosamente en cuan bien equipado estás para enfrentar esos retos, sobre la clase de mujer que quieres a tu lado.”
Pero lo he hecho,” discutí. “Nunca pensaba sobre esas cosas hasta que ella llegó y me hizo querer tomar mi vida seriamente en vez de simplemente proceder con el plan establecido.”
Mi padre se dejó caer en su silla, un signo seguro de concesión. “Puedes ser tan terco como tu madre cuando propones a ello, por lo que no voy a molestarme discutiendo contigo por más tiempo. ¿Pero te comprometerás al menos conmigo?”
Quizás,” dije con cautela, viendo a mi padre mover sus dedos sobre la oscura madera de su escritorio. Él sólo hacía eso cuando se estaba craneando algo.
No hagas ninguna decisión financiera ahora. Trata trabajando en una firma, mira si te gusta. Estoy seguro que uno de mis amigos estaría contento de emplearte como alguna clase de oficinista. Podría descubrir que te gusta. Y si lo haces, puedes regresar a la escuela.”
¿Y qué con Bella?” pregunté. Ella era mi principal prioridad; todo lo demás era secundario.
Bella puede quedarse aquí por el tiempo que quiera, por supuesto. No la sacaremos a las calles.”
Vale,” suspiré, aliviado. “Acepto tu compromiso.”
Me senté atónito en silencio. Siempre me había preguntado que estaba haciendo en Chicago en septiembre de 1918 cuando debería haber estado en la escuela. Nunca había podido encontrar una respuesta en mis recuerdos… y ahora sabía. Estaba ahí por Bella.
Al final, sólo pude reírme. Me pregunté si ella se dio cuenta que estaba haciendo nuestro destino con cada segundo que pasaba en el pasado.

Sólo Humano



Capítulo 14
Nuestro compromiso permaneció como nuestro pequeño secreto por casi dos semanas después. No estábamos escondiéndolo intencionalmente, para ser exactos, pero Edward confió en mí – después de darle bastante lata – que su padre no estaría complacido.
“No eres tú, para nada,” dijo de inmediato, tratando de tranquilizarme. “Mi padre lo ha tenido metido en su cabeza desde que nací, que iría a una gran escuela y me convertiría en abogado como él. Hasta ahora, no había nada más importante que la aprobación de mis padres, por eso nunca discutí. No creo que se lo tome bien… pero ahora que sé lo que quiero, nada va a detenerme.”
“Sabes que esperaría por ti, ¿cierto? ¿Si quisieras ir a la escuela? No quiero causarle problemas a tu familia…”
Edward simplemente se rió y me besó. “Aprecio eso, pero no puedo esperar tanto por ti. No te preocupes por mi padre; yo lo lidiaré. Y mi madre va a estar contentísima.”
No tenía duda que su madre estaría feliz, aunque sólo fuera por el hecho que Edward había dejado de lado sus ideas de ir a la guerra en una aventura heroica. Cada día, reportaba las noticias fielmente –con el alivio creciendo. Los Aliados acababan de ganar una larga batalla contra los alemanes, La Segunda Batalla del Marne, si recordaba correctamente mis lecciones de historia. Ahora habían lanzado una ofensiva. Los malos vientos de la guerra parecían estar girando bastante, lo que parecía confortar a todos. Sólo yo había sido privilegiada con el conocimiento que la guerra terminaría en noviembre.
Por lo demás, las cosas siguieron bastante iguales a como siempre habían sido durante esta época. Yo aún pasaba la mayor parte de mi tiempo con Edward, aunque trataba de ayudarle a Elizabeth en la casa tanto como me era posible –no era una tarea fácil, considerando que tenían una criada y una cocinera, pero trataba. Edward encontró cada vez más excusas para que nos escabulléramos a lugares solos, principalmente por el bien de robar acalorados besos. Entre Edward y la ridícula humedad de la región central de los estados unidos, mi cabeza estaba constantemente tambaleándose.
Sólo a mediados de agosto, cuando el padre de Edward mencionó en la cena que él debería estar empacando para regresar a la escuela, las cosas finalmente comenzaron a salir mal.
“Sabes que te quieren allí arriba una semana antes que empiece el trimestre. Eso no te deja mucho tiempo,” prosiguió, sin darse cuenta de mi repentina cara blanca y de Edward habiéndose congelado en su lugar.
Edward tragó con dificulta el bocado que había estado mascando y miró a mis ojos rápidamente antes de responder.
“De hecho, Padre, sobre eso… he decidido que no quiero regresar a la escuela.”
Pude ver la quijada del Sr. Edward cerrarse por la rabia y a Edward preparándose para la confrontación, pero de repente me sentí como una espectadora extraña mientras un horroroso descubrimiento me invadió.
Edward estaría en Chicago cuando la epidemia golpeara por causa.
Si él se marchaba al internado como estaba supuesto, no estaría en la ciudad. Podría nunca atrapar la enfermedad. No sería llevado al hospital de Carlisle. Él no sería cambiado.
Edward permanecería humano… tendría la vida que siempre quiso…
Estaba paralizada por la aterradora y enfermiza noción que el futuro era dudoso. Mis instintos volaron en miles de direcciones. De un lado estaba el impulso de proteger a Edward a cualquier costo…del otro lado estaba la necesidad de proteger mi futuro por encima de todo. ¿Qué podía hacer?
“Tal vez deberíamos discutir esto en mi oficina,” escuché al Sr. Masen decir mientras se paraba de la mesa, cubiertos haciendo ruido contra su plato.
Edward se paró en silencio para seguirlo. No hubiera sabido que no estaba nada nervioso si no le hubiera dado un fuerte apretón a mi mano antes de seguir a su padre fuera del cuarto.
“No te preocupes,” dijo Elizabeth, mirándome a través de sus pestañas. Mi rostro debió haber dado señas de mi angustia. “Ellos sólo están siendo padre e hijo.”
Asentí débilmente. Mi mente todavía se estaba devanando y necesitaba estar sola para pensar. Rápidamente me excusé de la mesa y me apuré hacia mi cuarto. Lo que realmente quería era hablar con alguien –Carlisle, tal vez- pero era demasiado tarde para salir sola. La última cosa que quería ahora era otra confrontación con los de la calaña de Norman Bouchard.
¿Qué se supone que debía hacer? ¿Qué pasaría si convencía a Edward de dejar Chicago? Él Podría evitar la enfermedad totalmente… podríamos casarnos y tener hijos y envejecer… pero entonces él estaría muerto antes que yo si quiera tuviera la oportunidad de conocerlo… ¿y entonces cómo pediría el deseo que me envió aquí? ¿Y cuál era la garantía que podría funcionar de esa forma? Podría ahorrarle a Edward la epidemia en Chicago, sólo para que la contrajera en cualquier otro lugar… lejos de Carlisle, quien podía salvarlo…
¿Cómo podría arriesgar el destino de este Edward y el de mi futuro Edward? Tal vez tenía que dejar que las cosas ocurrieran de acuerdo a la historia que yo conocía. Pero si me mantenía al margen y no hacía nada cuando sabia lo que se venía, ¿era eso lo mismo que condenar a Edward a condenación que él siempre había maldecido? ¿Qué querría él?
Quizás realmente me era imposible cambiar algo. Cualquier cosa que evitara que Edward se convirtiera en vampiro cambiaría mi futuro de forma que me impediría estar alguna vez en el pasado. Si no conocía a Edward en el 2005, ciertamente no pediría un deseo con mi torta de cumpleaños en el 2006 que me enviaría a 1918.
¿Y quién iba a decir que yo podría convencer a Edward de dejar Chicago? Él era posiblemente más terco que yo.
No importa lo que hiciera, consecuencias desastrosas eran posibles. Ya sea si destruyera mi futuro o las cosas se quedaban exactamente igual y yo viera a Edward pasar por el infierno… iba a doler
Tal vez significa que no importa lo que hagas, las cosas van a salir de la forma en que se supone deben.” La voz de Carlisle hizo eco en mi cabeza. Y tal vez él estaba en lo cierto. Tal vez no había forma para mí de cambiar las cosas de su curso previsto, y tal vez no debería tratar.
Un suave golpe sonó sobre mi puerta, la inconfundible firma de Edward. “Pasa,” llamé.
Él entró, cerrando la puerta suavemente tras de sí, y luego se tendió cansado sobre mí cama junto a mí como si fuera una vieja costumbre. Se estaba volviendo una costumbre, noté, absorbiendo el familiar cuadro de él tirando su brazo sobre sus ojos, como hacía cuando había pasado por una exasperante y traumática experiencia.
“¿Qué pasó?” pregunté, estirando mi mano para cepillar con mis dedos su cabello. Lo que siempre me había admirado era que su cabello era exactamente igual de suave de vampiro a como era ahora, como humano. Sólo el calor emanando de su cuero cabelludo era diferente.
Edward dejó caer su brazo y me sonrió. “Fue bastante bien. No me va a hacer regresar a la escuela, pero insiste en que trate un trabajo en una firma de abogados, esperando que cambie mi modo de pensar. Está bien; iba a conseguir un trabajo de todas formas. Ahora se donde estaré trabajando.”
Le fruncí el ceño a su sonrisa forzada. “Pero eso no es lo que tú quieres.”
Su respuesta fue quitar mi mano de su cabello y besarla. Mi corazón trastabilló en mi pecho, tan torpe como yo. “No te preocupes por eso, Bella. Tal vez no es lo que quiero estar haciendo, pero sólo tengo que hacerlo por el tiempo suficiente para tranquilizar a mi padre. Y mientras pueda ver tu cara al final del día, no me importa lo que haga.”
Sólo pude suspirar un poco distraídamente y agacharme para rozar mis labios contra los suyos. Una declaración como esa sólo podía ser recompensada con un beso.
Él sonrió mientras me alejaba, agarrando mi mano con fuerza. “Ves, eso es todo lo que necesito. No tienes idea de cuan aliviado me siento. A veces soy un cobarde terrible, sabes – había estado aplazando esa conversación por tanto tiempo porque estaba tan asustado que él me haría irme.” Su cara estaba abatida, sus ojos se nublaban con algo que reconocí, esa sensación de pavor y miedo que iba junto con necesitar a alguien tanto que uno vivía con miedo de que esa persona te fuera arrebata.
“Podríamos haber escapado juntos si él lo hubiera hecho,” ofrecí, bromeando un poco, tratando de borrar la tensión. “Si pudieras encontrar una forma de traer a casa el tocino, yo podría cocinarlo.”
Él se rió entre dientes. “Supongo que estaba preocupado por nada. Tonto de mí. Creo que podría lidiar con todo, siempre que estés conmigo.”
Le sonreí de regreso, dándome cuenta que estaba pensando sobro este de forma completamente equivocada. Edward estaba en lo correcto. Estábamos destinados a estar juntos, y quedarnos así era nuestra mejor apuesta. Tratar de alejar a Edward no ayudaría. Sólo podía quedarme a su lado y tratar de hacerlo feliz por el tiempo que tuviera con él.
“¿Por qué es esa sonrisa?” preguntó, estirando su mano para pasar sus dedos a lo largo de mi mentón.
“Por ti,” respondí sencillamente.
“Hmm. Podría acostumbrarme a eso,” bromeó, tomando mi mano de nuevo. Disfruté la forma en que jugaba ociosamente con mis dedos –sin pensar, sin temor de romperme. Cuando yo sea vampiro…pero ahora no era el momento para ese pensamiento. Él lo vería en mi rostro, y no quería que pensara que había aunque sea una parte de mí que no estuviera con él.
“Bella...” comenzó Edward vacilante, aunque un asomo de malicia jugueteó en sus ojos, “¿Estarías terriblemente ofendida si tratara de escabullirme dentro de tu cuarto esta noche?”
Me reí fuerte, preguntándome que estaba pasando por su cabeza. “¿Crees que eso causaría un escándalo?”
Sonriendo suavemente, él respondió, “creo que correría el riesgo por la oportunidad de sostenerte en mis brazos. Sólo para dormir, lo prometo.”
Me deslicé hacia abajo para acostarme junto a él, mirándolo a la cara. “¿Sólo dormir? No lo se. No podría ir sin al menos uno o dos besos.”
Edward fingió un suspiro de enojo. “Si ese es el precio que tengo que pagar… supongo que te daré lo que quieres.”
Sonreí. “¿Entonces te veo en unas horas?”
“Definitivamente,” prometió, inclinándose para besarme rápidamente. Lo miré irse con una sonrisa; era fácil el verse atrapada mirándolo, estudiando la forma en que se movía, la vida en cada sencillo paso suyo.
Fiel a su palabra, Edward regresó después que sus padres se habían ido a dormir. Estaba adorable en su juvenil camisa de dormir y sus pantalones cortos mientras se deslizaba bajo las sábanas junto a mí. Con gusto enredé mis piernas con las suyas mientras él se retorcía más cerca, pasando un brazo alrededor de mi cintura.
“Estás caliente,” suspiró felizmente, acariciando con su nariz mi cabello y hombro.
“Tus pies están fríos,” respondí, todavía sonriendo. No estaban ni de cerca tan fríos a como estaba acostumbrada.
“Pronto podremos hacer esto cada noche,” dijo; no podía ver su cara, pero podía sentirlo sonriendo.
“Podremos hacer un poco más que eso,” señalé, satisfecha cuando él se tensó contra mí.
“¡Bella!”
“Lo siento,” contuve una risotada; apretando su brazo en disculpa. “Eres lindo cuando tas abochornado.”
“Oh, ¿en serio?” Gruñó juguetonamente mientras me arrinconaba bajo él. “Creo que sería mucho más lindo si fueras la abochornada.”
“¿Crees que puedes abochornarme?” me burlé, aunque tenía la sensación que me haría comerme mis palabras. Edward no tenía talento más grande en la vida que el encantarme hasta la sumisión, en cualquier momento.
“Se que puedo,” dijo, su cálido aliento moviéndose por mi cara. Mis labios hormiguearon mientras encontraba su mirada, destellando con maldad en la oscuridad, iluminada sólo por la luz de la luna. Era casi como tener a mi vampiro de regreso, viendo esa mirada de predador sobre su cara con la sonrisa de suficiencia.
“Vale,” cedí, enrollando mis brazos alrededor de su cuello. “Tu ganas.”
Él sonrió triunfante y me besó felizmente quitándome el aliento.

viernes, 9 de octubre de 2009

Sólo Humano

La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. “Only Human” pertenece a Amethyst Jackson. Tatarata se adjudica la traducción.

Capítulo 13

Los siguientes días pasaron rápida y calmadamente. Julio se convirtió en agosto con poco revuelo. No me volví a topar con Norman de nuevo, para mi gran alivio –No estaba segura si se había rendido o simplemente no había tenido la oportunidad de acosarme-. Estos días, sólo dejaba la casa con Edward por cosas pequeñas. No había más fiestas grandes y no tenía razón para salir por mi cuenta.

Nunca hablábamos de nuestra cambiante relación, pero siempre estaba ahí en los roces casuales y las incontables horas que pasábamos juntos. Una parte de mí quería más; otra parte estaba feliz de estar cerca de él sin preocuparme constantemente.

Agosto 3 estaba probando ser el día más caluroso del año hasta ahora. Estaba en la sala, donde todas las ventanas estaban abiertas de par en par, leyendo. A Elizabeth no se le veía por ningún lado; supongo que estaba encontrando su propio alivio al calor. No estuve completamente sorprendida cuando Edward apareció dentro, mangas dobladas hasta sus codos, con una expresión miserable. Se dejó caer en el sillón conmigo, dejando que sus piernas colgaran sobre el apoyabrazos y dejando caer su cabeza sobre mi regazo. Miré su expresión adolorida con diversión.

“Realmente no es tan malo, Edward,” dije, marcando la página antes de dejar el libro de lado.

“¡Lo es!” se quejó, cerrando sus ojos. Yo estaba fascinada por el sudor adornando su sien…mi Edward no era capaz de sudar, supuse. Este lo hacía ver… sexy.

“¿Qué propones que haga sobre ello?” pregunté, divertida.

“No lo se,” masculló, pensando en ello. Sus ojos se abrieron de golpe un momento después, sorprendiéndome. “¡Ven a nadar conmigo!”

Parpadedé. “¿Nadar? ¿Dónde?”

“En las afueras de la ciudad,” dijo ansioso, sentándose tan rápido que debería estar mareado. “Tenemos una casa de vacaciones –no hemos ido este año porque mi padre a estado demasiado ocupado con el trabajo- y hay un fantástico riachuelo en la propiedad; es perfecto para nadar.”

La idea era atrayente. Estaba sudada por todos lados –faldas largas eran una molestia enorme- y la idea de agua fría era casi irresistible.

“No tengo nada para usar,” señalé, aunque sabía que perdería esta batalla. “¿Y cómo llegaremos allí?”

Edward rodó sus ojos. “Contrataré un coche de caballos. Y nadaremos en nuestra ropa interior. Nadie nos verá, y te juro, seré el caballero perfecto. Vamos, Bella… ¿por favor?”

Mi cabeza me daba vueltas, vacilando entre ideal del año que podría hacer con un caballo y que le pasaría a mi diminuta ropa interior una vez se mojara, pero todo eso se vino al piso por sus ojos llenos de esperanza.

“Oh, está bien. Iré.”

Prácticamente brilló con su triunfo. “¡Espera aquí!” exclamó.

Regresé a mi libro, conociendo completamente bien que el calmado comportamiento de Edward podría esconder una ridícula cantidad de emoción debajo. ¿Quién sabe lo que iba a hacer ahora?

Cinco minutos y tres páginas después, regresó con un bolso cargado sobre su hombro. Levanté una ceja. “¿Qué es todo eso?”

“Comida, toallas,” sonrió, “Tú sabes, suministros. ¿Lista para ir?”

Lo seguí dudosamente –Todavía no estaba segura de en qué me estaba metiendo, pero nunca podría negarle a Edward algo que el quisiera.

Fuimos varias cuadras tortuosamente calientas hasta una enorme serie de establos. El ver todos esos caballos y diferentes carruajes me estaba desconcertando –el auto arcaico había estado dentro del rango de cosas que entendí, ¿pero esto? No se porque estaba tan sorprendida. Los carros todavía eran relativamente nuevos para esta época, por supuesto, y sólo las familias acomodadas podrían permitirse esa clase de transporte.

Aún así, fue una experiencia surrealista el tener a Edward ayudándome a entrar al carruaje abierto y unírseme después de pagarle al dueño. Edward dirigió los caballos fuera del establo y hacia la calle con perfecta facilidad; por supuesto, Edward era un perfecto conductor, no importa el vehículo.

Sí que fue un descanso salir de la ciudad. Como las casas se hacían más distantes y las calles de ladrillo se convertían en polvo, el aire libre de los campos era mucho más evidente, e increíblemente placentero.

“¿Se pone así de caliente en Washington?” Preguntó Edward, su humor claramente mejorado al de antes.

“No,” sonreí, de repente extrañando la fría humedad de casa, “el sol no esta fuera lo suficiente. Llueve demasiado.”

“Suena deprimente,” comentó Edward.

“Acostumbraba pensar eso también,” me reí, recordando mis infelices visitas de niñez. “Pero llega a gustarte con el tiempo.”

“Lo extrañas, ¿verdad?” dijo, lanzando una mirada evaluativa sobre mi expresión.

Formulé mi respuesta cuidadosamente. “Extraño la vida que tenía, antes que mis padres murieran.” Antes que regresara en el tiempo. “Extraño tener un hogar y una familia. Pero mi ubicación geográfica no me es importante.”

Edward no sonrió de nuevo; en su lugar sus ojos estaban serios, y estaban hablando a grito entero. “Sabes que tu hogar puede ser con nosotros, ¿cierto?” dijo inclinándose más cerca. “No tienes que volver a estar sola nunca. Yo haría-”

Puse mi mano sobre la más cercana suya, la cual sostenía las riendas. “Gracias,” dije, interrumpiendo cualquier cosa que podría estar listo para decir que podría sacar esta conversación fuera de mi zona de comodidad. “Aprecio eso.”

Sabía que mi respuesta no lo convenció, pero no dijo nada más. Conducimos en silencio, y yo miré a través de los campos –estos eran campos cultivados, crecían plantas altas que no reconocí. Parecía ser alguna clase de grano. Los tallos dorados se mecían en el viento, y era increíblemente pacífico. Ni un alma estaba por ahí; me imaginé que estaba demasiado caliente para que mucha gente se moviera. Era como flotar a lo largo de un sueño.

La voz de Edward me sacó de mi trance. Les dio un comando a los dos caballos, y dimos una vuelta a la izquierda hacia una calle más estrecha y bordeada de árboles. Eso me dio un fuerte sentido de daja-vu.

“Eso no fue lejos,” remarqué. El viaje entero nos había tomado una hora máximo. Sería mucho más corto con una máquina motorizada.

“A mi padre no le gusta estar demasiado lejos de la ciudad. Tiene ciertos clientes demandantes de los que no puedes estar muy lejos.”

Lo árboles se abrieron dando paso a un amplio prado, rodeado por troncos. En el centro del claro se asentaba una enorme casa, una hermosa Victoriana de dos pisos, completa con una terraza alrededor de la casa. Juzgando por el número de ventanas, adivinaría que el segundo piso tiene al menos 5 habitaciones. Se veía como un lugar donde los Cullen podrían haber vivido… me pregunto si Edward se ha dado cuenta alguna vez cuan poco ha cambiado su vida.

“¿Qué piensas?” preguntó junto a mí, asimilando mi reacción. Sonreí.

“Es fascinante,” sonreí. “¿Tienen huéspdes seguido aquí?”

“Si, a mi madre le gusta entretener. Por supuesto, le gustaría más si tuviera mejores personas que entretener, pero a caballo regalado no se le miran los dientes, ¿cierto?”

Me encogí, pero él no vio –ya se había bajado y estaba dando la vuelta hacia mi lado para ayudarme a salir. Me levantó con facilidad fuera del carruaje y se giró hacia los caballos. Vi con fascinación como los desenganchaba fácilmente y los ataba a un palo de la terraza.

“Hay un establo en pie al fondo, pero creo que está cerrado,” explicó terminando. “Normalmente hubiéramos enviado a los sirvientes adelante para preparar el lugar.”

Asentí mi comprensión como si esto fuera todo muy normal. Edward agarró el paquete que había traído consigo y me tomó de la mano, guiándome alrededor de la parte de atrás de la casa.

“El arroyo está un poco a la salida, en el bosque,” me dijo, la emoción en su voz creciendo. “Yo nadaba ahí todo el tiempo de niño, aunque no mucho últimamente. Se veía demasiado indecoroso.”

Me reí. “¿Y no es demasiado indecoroso para ti ahora?”

Él se giró hacia mí con su amplia y torcida sonrisa. “No me importa ser poco indecoro contigo. No puedo evitar sentir como… como si tu me aceptarías incondicionalmente.”

“Lo haría,” confesé, sonriéndole a su tímida mirada. “Y tú harías lo mismo, ¿verdad?”

“Sin dudarlo,” respondió, guiándome cuidadosamente a través de los árboles. Estaba muy conciente de la tierra bajo nosotros, ayudándome por cualquier paso inseguro y aplastando follaje fuera del camino mientras seguíamos el sonido de agua corriendo. De nuevo, hubo ese sentido de deja-vu mientras recordaba otro día cuando Edward me guió a través del bosque. Una sensación de premoción me dominó. Este día sería tan crucial para nuestra relación como aquel día en el prado lo había sido. No revelaría ningún secreto –no podría permitirlo- pero podría muy bien revelar mis sentimientos. Y eso cambiaría todo.

“Aquí estamos,” dijo Edward mientras el arroyo llegó a la vista. La luz del sol se filtraba entre la sombra de los árboles, contagiando al agua con destellos deslumbrantes y prismas de luz. El riachuelo era de varios pies de ancho pero no parecía muy profundo. Con suerte estaría a salvo en aguas poco profundas, pero yo era de maravillarse cuando se trataba de accidentes.

Le lancé un vistazo a Edward para encontrar que ya había desabrochado sus tirantes y se estaba quitando su camisa. Mi cerebro me dijo que alejara la mirada, pero mis ojos no lo siguieron, y él me atrapó mirando.

“Mantendré mi espalda volteada hasta que estés en el agua,” prometió, sin enterarse, mientras desabotonaba sus pantalones. Yo estaba demasiado embobada para hablar, por lo que me giré y comencé a desabotonar mi vestido. Edward saltó al agua mientras yo me lo quitaba. Lo colgué sobre la rama de un árbol para alejarlo del barro y vacilante me giré hacia el agua. Esta era una mala idea. Mis enaguas y mi ropa interior estarían bastante transparentes una vez estuvieran mojados, ¿y cómo reaccionaría Edward ante eso?

¿Realmente me importaba? Este era Edward y yo era Bella. La cosa creciendo entre nosotros era imparable; no importaba por decoro. Suspiré y salté dentro después de él.

El agua estaba sorpresivamente fría para tal día tan caliente, y aún me estaba ajustando mientras volvía a la superficie, temblando. Edward estaba esperando para salpicarme, destellando una sonrisa absolutamente diabólica. Cuando me recuperé de mi sorpresa, lo salpiqué de regreso, gruñendo.

“Eso no es muy caballeroso,” me quejé. “Al menos podrías haberme dado tiempo para recuperarme.”

Lanzó rápidamente otro chorro de agua en mi dirección, riendo. “Ser un caballero todo el tiempo no es muy divertido.”

Jugar en el agua con Edward era la cosa más fácil y natural del mundo. Él parecía deleitarse en atormentarme – agarrándome bajo el agua, sorprendiéndome, persiguiéndome río abajo-. Le seguí la corriente, porque la sonrisa sobre su cara me alegraba tanto. Quise mantenerlo sonriendo para siempre. Lo haría, me prometí a mi misma.

Después de lo que se sintieron como horas, ambos nos cansamos de los juegos y nos relajamos sobre la fría agua. El sol ya no estaba en pleno, comenzando a irse a la deriva hacia la línea de árboles. Supe que el día tendría que terminar pronto, y no quería. Me podría quedar en este lugar encantado con Edward por días y nunca desear nada más.

Él nado a mi lado, y podía decir por la misma mirada de desgana sobre su cara, que él había estado pensando lo mismo.

“Sería mejor si no nos quedáramos dentro mucho más,” dijo, agarrando una de mis arrugadas manos. “No querría que atraparas un refrío.”

“Cierto,” suspiré. No creí que eso fuera muy probable, pero discutir probablemente no me hará ningún bien. “Deberíamos hacer esto de nuevo. Fue divertido.”

La respuesta sonriente de Edward fue brillante. “Lo fue; no me he sentido tan despreocupado en años.”

Con una persistente sonrisa para mí, se giró finalmente y salió del arroyo. Yo estaba fascinada por la vista del agua bajando por su espalda pobremente musculosa. Él se giró, y mi distracción cambió a las gotitas sobre su pecho, siguiendo el curso previsto por la gravedad bajo su torso, hacia la ropa interior que se colgaba a su piel… y dejaba absolutamente nada a la imaginación…

Arranqué mis ojos lejos, calor quemando mi rostro. Él fingió no notarlo y ofreció su mano para ayudarme a salir de la resbalosa orilla.

Pude decir el momento exacto en el que Edward se dio cuenta de exactamente cuanto de mí podía ver. Su mano se apretó alrededor de la mía y su cuello se puso colorado mientras sus ojos pasaban bajo mi cuerpo. Alejó la mirada inmediatamente, pero supe que el daño estaba hecho.

Desafortunadamente, sus intentos por no mirarme lo distrajeron de sacarme del agua de manera segura. Mi pie se hundió contra el embarrado desnivel, y me fui cayendo hacia delante en Edward, llevándonos los dos hasta le piso.

Ambos permanecimos absolutamente quietos mientras nos recuperábamos de la sorpresa, pero la creciente percepción entre nosotros era innegable. Nuestros pechos se elevaban como en una escena de una obscena novela romántica, nuestra respiración era irregular. Podía sentir cada detalle de su cuerpo bajo el mío, y sabía que él debía sentir el mío también. No había forma en que no sintiera mis pezones endureciéndose contra su pecho o la ubicación de mis caderas sobre su creciente excitación.

Bella…” el sonido era ahogado, áspero por la falta de aire, y eso me excitó.

Abruptamente, él nos volteó, presionándome contra el pasto. Detecté el más breve brillo de fuego en sus ojos antes que sus labios chocaran contra los míos, sensual y apasionada y desesperadamente. Este era un beso de total abandono, desenfrenado –su lengua y dientes estaban donde deberían estar, arrasando mi boca, magullando mis labios con su fuerza. La única cosa que podía pedir en ese momento era que él no se detuviera.

Su boca se movió hacia mi cuello, chupando, lamiendo los caminos de agua ahí. Todo el tiempo, sus manos vagaban por mi cuerpo –nunca lo suficientemente atrevidas para cruzar ninguna línea, pero trazando mis curvas con adoración. Me pregunté si siquiera notaba que mis piernas habían caído abiertas o que sus caderas se estaban meciendo incesantemente en las mías. A pesar de eso, yo estaba desesperadamente encendida, y si no conseguía cualquier clase de liberación, podría estallar.

Mis dedos se enredaron en su húmedo cabello y gemí su nombre. Por alguna razón, eso rompió el hechizo. Él se alejó de mí de un tirón tan rápidamente como se había lanzado sobre mí. Vi como sacudía su cabeza furiosamente y luego la metía en sus manos.

“Lo siento, Bella, no puedo,” dijo en voz baja, negándose a mirarme. Yo me senté y me arreglé en algo más presentable, sintiendo la muy familiar decepción y rechazo que había conocido antes… antes de haber tomado ese paso con Edward en mi tiempo.

“¿Por qué?” Dije con voz ronca. Tenía la sensación que sabía, pero eso no borraba el dolor que mi cuerpo sentía por él.

Sus ojos se encontraron con los míos con luz destellando a través de ellos como el verde dosel sobre nosotros, implorándome que entendiera. “Te amo demasiado, Bella. Quiero obrar bien para ti.”

Tragué con dificultad. Ahí estaba, esparcido entre nosotros como los contenidos de una maleta volcada. ¿Cómo podría negarme a su ofrecimiento?

Estiré mi mano para tocar la tensa línea de su mentón, saboreando la tentadora suave piel. “Te amo, Edward.”

Pude sentir la tensión dejar su cuerpo como él se acercaba, lo bastante cerca para apretar mis manos en las suyas mientras brillaba con esperanza y emoción. “Di que esperarás por mí, Bella,” suplicó, sin darme oportunidad de escapar. “Voy a renunciar a la escuela, conseguiré un trabajo –voy a establecerme de modo que pueda hacerme cargo de ti. Di que estarás ahí, Bella, por favor. Di que un día te casarás conmigo.”

Me quedé mirándolo, pasmada por el giro de los eventos y aún así completamente enamorada. Aquí estaba ese chico de nuevo, del que él me había hablado – el que tiraría a la basura cualquier plan que alguna vez hubiera hecho para asegurar un futuro juntos. No se qué consecuencias tendría mi respuesta, pero sabía que tenía que confiar en el consejo de Carlisle, tener fe –y sabía que nunca jamás podría decir las palabras que romperían el corazón de Edward.

“Si. Si, un día me casaré contigo.”

La afirmación era mi única forma de decirle la verdad –que, si bien podría ser imposible para mí el casarme con él en esta época. Estaría esperando por él en el futuro, y trataría al máximo de darle todo lo que siempre había querido.

Con su entusiasmo de niño, tomó mi cara entre sus manos y me besó profundamente. Sonrió de oreja a oreja mientras se alejaba. “Oh, Bella. Me has hecho tan feliz.”

“Yo también estoy feliz,” dije honestamente; estaba feliz por verlo feliz, y me sentí convencida que había hecho lo correcto.

“Quedémonos aquí esta noche,” sugirió, lanzándose de regreso al pasto. “Mi madre sabe donde estamos, y no tengo que entregar los caballos hasta mañana.”

No pude resistir la oportunidad para tomarle el pelo. “Pensé que ibas a obrar bien por mí ¿ser un caballero?”

Su expresión fue de inmediato horrorizada y escandalizada. “No quise decir – por supuesto que no…”

Me reí y lo pinché en el costado. “Relájate, sólo me estaba divirtiendo a tus expensas. Se cuan virtuoso eres.”

Edward se sonrojó, sonriendo tímidamente. “Es que no estoy listo para compartirte con el mundo todavía.”

“Perfectamente entendible,” acepté, recostándome a su lado. “No quiero compartirte nunca. Aunque realmente es bastante impropio. No querría que tus padres se hicieran una mala idea.”

Edward sacudió su cabeza, envolviendo su mano en la mía. “Ellos están mejor informados.”

Nos acostamos en el prado hasta pasada la tarde, dejando que el sol nos secara. Con el tiempo, nos vestimos y entramos a la casa vacía, cortesía de una llave de repuesto enterrada en una maceta. Mordisqueamos el manojo de comida que él había traído con nosotros perfectamente contentos, y para cuando la oscuridad cayó, ambos estábamos tan cansados por las actividades y emociones del día, que colapsamos juntos en la cama. Edward se quedó dormido en segundos, y yo permanecí despierta unos minutos más, escuchando su acompasada respiración y el latir de su corazón bajo mi oído.

Si esto era algo parecido a lo que mi Edward había sentido ante mi humanidad, creo que finalmente entendía.

jueves, 1 de octubre de 2009

La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. “Only Human” pertenece a Amethyst Jackson. Tatarata se adjudica la traducción.



Sólo Humano

Capítulo 12

Seguí las direcciones que había obtenido de la madre de Edward hacia la dirección que Carlisle me había dado. Después de pasar la noche anterior despierta, pensando en todos los posibles resultados de seguir una relación con este Edward, y luego pensando en todas las posibles consecuencias en el futuro del que yo había venido, me di cuenta que todo eso me estaba ahogando. Necesitaba una voz de la razón, una persona lógica y sensible con quien hablar a través de esto. Y afortunadamente, la única persona que conocía mi situación era justo eso.

Carlisle tenía una clásica casa adosada cerca al hospital. Le sonreí al ordenado enladrillado y al elegante jardín. Esme lo hubiera amado.

La puerta se abrió antes que pudiera levantar mi mano para tocar, y Carlisle me recibió con una sonrisa.

“Pude escucharte viniendo por el camino,” explicó. “Pasa.”

“Gracias,” murmuré, pasando a su lado para entrar. La puerta se cerró suavemente tras él.

Me hizo un gesto hacia una puerta a la derecha. “La sala está por acá.”

El cuarto era iluminado y espacioso, justo como su casa en Forks, pero los muebles eran mucho más escasos. Había un sofá azul que se veía cómodo, perfecto para el salón, y una extensa mesita de centro que tenía libros regados a través de ella. Una pared poseía una gran chimenea, otra tenía amplias ventanas.

“Esta es una casa encantadora,” comenté, sentándome al final del sofá.

“Gracias,” respondió, tomando el otro extremo, mirándome a la cara. “¿Qué es lo que te trae hasta aquí, Bella?”

Con nerviosismo, alisé mi blusa. “Las cosas se están poniendo… serias, con Edward. Creo. Anoche estaba lanzando indirectas sobre matrimonio. Y, bueno, eso en sí no es algo malo, pero... estoy preocupada. Es decir, todo esto está pasando tan rápido y yo ya estoy en el pasado de Edward donde se supone que no debería estar - ¿Y si de verdad estropeo las cosas y él nunca se enferma y nunca se convierte en vampiro? Porque entonces yo nunca lo conocería y no pediría el deseo que me mandó aquí, y entonces nada de esto pasaría en primer lugar y – estoy confundida.”

Carlisle había escuchado pacientemente mientras yo hablaba sin decir nada coherente y ahora sonrió. “Definitivamente estas metida en algo de dilema, ¿verdad? Desearía tener algunas respuestas definitivas para ti – sin embargo, como puedes imaginar, tu situación es bastante inaudita. Pero he estado pensando sobre ello, y tengo una teoría que podría ayudarte.”

Le agarré la cuerda a eso como a un bote salvavidas en el Titanic. “Cualquier cosa es mejor de lo que yo he pensado.”

Sonriendo ampliamente, Carlisle asintió. “A mi me parece que tu no puedes hacer nada físicamente que haría imposible para ti el estar aquí. Como dijiste, si cambias algo aquí, eso cambia tu futuro de manera drástica, te impide venir aquí – Anulando así todo. Y si todo está anulado, ¿a qué regresas? ¿Se vuelve todo a ceros así de simple? Eso no me parece posible a mí.”

Fruncí el ceño. “Eso tiene sentido, pero… ¿qué pasa entonces? Si trato de hacer algo que cambiaría demasiado, ¿sencillamente alguna fuerza invisible me detiene…?”

Aunque parezca mentira, Carlisle se encogió de hombros – nunca lo había visto hacer tal indecoroso gesto-. “Tal vez significa que no importa lo que hagas, las cosas van a salir de la forma en que se supone deben.”

Asentí lentamente. “Espero que estés en lo correcto… tienes que estar en lo correcto, porque no puedo… no puedo estar atascada aquí. No puedo vivir mi vida entera aquí, no importa cuanto ame al Edward de esta época, porque tengo que regresar a mi Edward… Tuve una oportunidad de una eternidad con él, y lo extraño tanto, eso me mata…”

Estaba apenada por sentir lágrimas sobre mi rostro y las limpié de golpe rápidamente.

Carlisle me sorprendió al poner una mano sobre mi hombro. “Ten fe, Bella. Claramente tu amor es extraordinario -no hubieras llegado así de lejos sólo para perder ahora.”

“Tienes razón,” murmuré, frotando mi cara para regresarle alguna apariencia de normalidad. “Es que es realmente duro no estar aterrada justo ahora.”

“Lo se,” dijo Carlisle con comprensión. “No puedo decir como reaccionaría yo al estar -¿cuántos años en el pasado es esto para ti, Bella?”

Mordí mi labio. “Casi noventa años,” admití.

Carlisle de veras parecía esforzarse con esa confesión, mirando un poquito con la boca abierta. “Si, bueno. Muy difícil para ti, entonces.”

Bufé. “Tu podrías decir eso.”

“¿Hay algo más que pueda hacer para ayudar?”

“No,” sacudí mi cabeza. “A menos que puedas seguirme y avisarme siempre que diga o haga algo incorrecto. Siempre me estoy enredando.”

Carlisle aprovechó ese momento para mirar fuera de la ventana. “El sol se está poniendo,” comentó. “Tendré que entrar al hospital pronto. ¿Llegarás a casa de manera segura por tu cuenta?”

“No es lejos,” lo tranquilicé. “Estoy segura que Edward estará esperando impacientemente. No estaba contento cuando no lo dejé venir conmigo en esta visita.”

Carlisle sonrió. “Asustado de tener competencia, estoy seguro. Mejor que vayas a tranquilizarlo.”

“Claro,” rodé mis ojos. “No querría que estuviera inseguro por una vez.”

Carlisle me guió hasta la puerta, aunque aún había mucha luz para que me acompañara. Yo no estaba particularmente preocupada. Si bien era bastante conciente que Chicago era un lugar peligroso, aún en 1918, los peligros humanos se veían míseros cuando los comparaba a los peligros supernaturales a los que había estado expuesta.

El camino a casa fue realmente bastante placentero, viendo el sol caer detrás de las casas mientras los hombres, mujeres y niños se apuraban a casa por la noche. Llegué hasta la esquina de la calle –mi calle ahora, supuse- sin incidente alguno.

Desafortunadamente, no lograría llegar por completo a casa sin incidente.

“¡Bella!” La voz era jovial, pero aún así envió escalofríos bajo mi columna. Miré al otro lado de la calle para ver a Norman Bouchard, sonriendo como si fuéramos viejos amigos. Mi cara hizo automáticamente una mueca entes que la contuviera.

“Hola, Sr. Bouchard,” dije, pero no paré de caminar. Había visto la mirada en sus ojos en otros hombres antes, y no me gustaba ni un poquito.

Norman corrió a través de la calle, de mal humor, y me alcanzó fácilmente. Me encogí al escuchar su respiración cerca de mi oído.

“¿Por qué tan formal, Bella?” pregunto mientras recuperaba el aliento. “¿Acaso no somos amigos?”

“Apenas somos conocidos,” dije con los dientes apretados, caminando más rápido. Ahora estaba a dos casas de distancia. Si sólo pudiera llegar así de lejos… seguramente no intentaría nada frente a la casa… “Y considerando su reputación, no estoy segura de si quiera querer ser eso.”

De repente fui tirada hacia atrás como su brazo atrapó el mío. “No seas así, Bella. De seguro no has estado escuchando a los chismosos hablar. No soy tan desagradable como me hacen ver.”

Miré a ambos lado de la calle, esperando ver a alguien que pudiera ayudarme o al menos asustarlo para que se fuera. “Los relatos que su ex-compañero tiene por contar son difícilmente chisme. Déjeme ir, por favor.”

Norman se rió levemente, sus ojos grises brillando. “Oh, Edward. ¿Qué ha estado diciendo él, con sus altos estándares morales? ¿Que soy un despreciable libertino que se aprovecha de jóvenes damas?” Chistó con su lengua de forma condescendiente. “Lo que Edward no entiende es que yo se como tratar a una dama.” Se inclinaba más cerca conforme seguía, “se como hacerla feliz, mantenerla… satisfecha. Eso es algo que dudo el querido Edward entienda alguna vez.”

El muchacho estaba lo bastante distraído, echándose flores así mismo, que fui capaz de arrebatar mi brazo en ese momento y salir bajo la calle. La inercia lo hizo trastabillar hacia delante antes que pudiera seguirme.

“¡Bella!” gritó tras de mí, sus pasos fuertes sobre la acera mientras seguía. “No te enojes. Sólo quiero darte lo que una hermosa mujer como tú merece.”

Bufé. A sólo pasos de distancia ahora. “Se lo que piensas que merezco, y créeme, ¡no lo quiero!” Lancé sobre mi hombro antes de abrir de volada la reja frente a la casa de los Masen. La cerré de golpe igual de rápido y me apuré hacia el porche… donde Edward estaba parado esperándome.

Aliviada, me lancé dentro de sus brazos. No es que no pudiera lidiar con que se me insinuaran; era sólo… ser objeto de insinuaciones en 1918. Cosas como esa se pone que no debían pasar… en la calle en esta época y a la hora que fueron, probablemente no era un buen signo.

“¡Bella!” Todavía estaba llamando Norman tras de mí, apurándose hacia la reja.

Edward apretó su brazo alrededor de mi cintura, y me di cuenta que sus ojos estaban furiosos –bastante parecido a como lo habían estado aquella noche en Port Angeles, la noche que salvó mi vida y me di cuenta que estaba enamorada de él.

“¿Estás bien?” preguntó en voz baja, sus ojos enfocándose atentamente sobre mí. Yo asentí, muda.

“¡Edward!” Llamó Norman en voz alta desde la reja. Me giré lo suficiente para ver la sonrisa de oreja a oreja en su rostro. “Bella y yo estábamos simplemente discutiendo la mejor forma de satisfacer a una mujer. Será mejor que cuides de sus necesidades, no sea que vaya a buscar satisfacción a otra parte.”

“Escuché el final de su conversación,” gruño Edward. “Y es una que no volverás a tener de nuevo.”

Norman simplemente se rió mientras se daba la vuelta para alejarse. “¡Eso lo veremos!”

Varios momentos de tenso silencio siguieron su partida. Edward nunca relajó su apretón sobre mí, y yo no soñé en pedirle que lo hiciera.

“Estaba a punto de ir a buscarte,” dijo finalmente. Estaba aliviada al ver sus hombros relajarse. “Se estaba oscureciendo… estaba preocupado. Por una buena razón, evidentemente.”

Sonreí un poco, mucho menos asustada ahora que estaba con él. “No creo que tuvieras que preocuparte realmente. Norman es un dolor, pero no creo que se pasara demasiado lejos de la línea.”

Edward frunció el ceño profundamente. “No lo conoces. Él es absolutamente incesante –nunca se detiene hasta que obtiene lo que quiere. El reto simplemente lo hace más divertido para él.”

Eso me recordó a una clase de criatura mucho peor, otra que amaba un reto. “He tenido peores, Edward. No te preocupes.”

“Como si pudiera dejar de preocuparme por ti,” rodó sus ojos. “Ambos sabemos la clase de problemas que puedes levantarte bajo circunstancias normales. Sólo puedo imaginar que pasa cuando alguien está determinado a causar el problema para ti.”

“Me las arreglo bastante bien,” me enfurruñe, alejándome de él. “En serio, Edward, no quiero que te agobies por esto.”

Edward me metió a empujones a la casa. “Yo no me agobio,” agregó a la defensiva. Su madre, quien estaba pasando justamente por el pasillo, sonrió.

“Por supuesto que lo haces, querido. Ahora deja que Bella se refresque antes de la cena.”

Edward le lanzó una mirada rayada a su mamá mientras yo escapaba por las escaleras, riendo. Una vez fuera de vista, dejé mi sonrisa caer. ¿Qué iba a hacer con Norman Bouchard?

Tiempo presente

La visión de la cara de Bella manchada con lágrimas en el recuerdo de Carlisle, me hizo tanto sentir dolor como me llenó de gozo. Odiaba cualquier cosa que le causara tristeza, cualquier cosa que le causara dolor… pero ahora sabía. Había visto sus lágrimas, escuchado el anhelo en su voz.

Espero que estés en lo correcto… tienes que estar en lo correcto, porque no puedo… no puedo estar atascada aquí. No puedo vivir mi vida entera aquí, no importa cuanto ame al Edward de esta época, porque tengo que regresar a mi Edward… Tuve una oportunidad de una eternidad con él, y lo extraño tanto, eso me mata…”

Ella aún me amaba; me extrañaba de la forma que yo la extrañaba. Eso era todo lo que necesitaba escuchar. Aún así, no sería fácil verla bailar a través del pasado, preguntándome si alguna vez podría regresar a mí… pero saber que quería regresar, hacía la espera posible.

La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. “Only Human” pertenece a Amethyst Jackson.Tatarata se adjudica la traducción.



Sólo Humano

Capítulo 11

No había pasado un día entero desde la desaparición de Bella, pero por mis recuerdos, estaba seguro que ella había estado en el pasado al menos una semana. Sólo me podía atrever a esperar que la extraña diferencia de tiempo significaría tenerla de regreso más pronto. Cualquier otra idea era… insoportable.

Mi yo pasado estaba aprovechando al máximo la situación… no que yo pudiera culparlo. ¿No había dicho yo antes que habría hecho de todo para hacerla mía, de haberla encontrado entonces? Y mi yo pasado me demostraba estar en lo correcto; las ideas de guerra habían salido volando de su cabeza, aunque aún fingía…ahora, todo lo que pensaba era en proveer una casa y una vida para Bella. No me podría sentir celoso más…yo conocía esos sentimientos. Esos eran mis sentimientos. Pero el miedo siempre permanecía. Si tenía éxito con Bella en el pasado, si evitaba la epidemia de gripe y me las arreglaba para casarme con ella como quería… ¿volvería a verla yo de nuevo?

Dejé que los recuerdos fluyeran sobre mí… nuestro primer beso en el calor del verano, alternándose con nuestro beso después de dejar el prado…diferentes sensaciones, pero ambas irresistibles. Ambas Bella. Suspiré para mí, luchando el anhelo que los nuevos recuerdos levantaban en mí. Mi Bella… que no daría por abrazarla ahora, por sentir su suavidad bajo las yemas de mis dedos…

Quiero llevarla a la fiesta de los Benedict,” le conté a mi madre, luchando contra mi pena. Ella conocía tan bien como yo mi odio hacia tales funciones sociales; fácilmente pudo adivinar mi motivación – mi deseo de complacer a Bella, de impresionarla, de ganar su corazón…

Bueno, no puedo decir que estoy completamente sorprendida,” respondió, sonriendo a sabiendas. “¿Ella ya aceptó ir?”

Si,” mascullé. Mi cara estaba sonrojada.

Entonces, me encargaré de ella para ti,” dijo. “Será la bella del baile.”

Rodé mis ojos ante su sonrisita.

desperté en medio de la noche. Ella estaba parada ahí en su camisón blanco puro, como un ángel o un fantasma, que viene para llevarme rápidamente.

Extraño mi casa,” me había dicho. Yo la había tomado entre mis brazos, contento por cualquier excusa para estar cerca de ella, feliz de imaginar una vida donde pudiera acostarme a su lado de esta manera cada noche… pero su tristeza me celaba. El anhelo en sus ojos no era completamente mío. Ella aún pensaba en alguien más… ¿su Jacob? Me sentí enfermo ante la idea…

No, yo sabía mejor. No era Jacob. Ella me extrañaba a ; tenía que creer eso, o me volvería loco. Claramente, ella estaba correspondiendo los sentimientos de mi pasado yo, ¿pero por qué? ¿Era porque extrañaba mi yo actual? ¿O es que sentía el mismo jalón que yo sentía en ambas ocasiones, la necesidad de tenerla a ella, en cualquier escenario, cualquier forma. ¿Realmente sentía ella las mismas cosas hacia mí? ¿Podría amar a mi yo humano y a mi yo vampiro igualmente, incondicionalmente?

¿Podría regresar a mí cuando mi pasado humano sostenía tantas más oportunidades para ella?

Desearía poder detener el tiempo y mantenerse así para siempre.”

Si… conocía el sentimiento.

¿Edward? Esta vez era Rosalie, acercándose lentamente. Asentí, respondiéndole y al mismo tiempo dándole permiso para que se acercara. Mi familia había estado en ascuas conmigo por las horas desde que ella se había marchado, y yo no había ayudado en nada negándome a moverme de mi lugar en el bosque, donde la veía.

“Estás cagado del miedo, ¿verdad?” dijo mientras se sentaba a mi lado. Sonreí ante su falta de sutileza.

“Completamente,” acordé. “¿No lo estarías tú?”

“Si,” asintió levemente. “Si fuera Emmett… temería que no pudiera regresar a mí. O que me amara más, si fuéramos humanos…si yo pudiera darle hijos, una familia.”

“¿No debería estar yo preocupado?” Las inseguridades se dispararon rápidamente, ahora que ella había sido la primera de decirlas en voz alta. “Si tuvieras la oportunidad de la vida que siempre quisiste, con Emmett y todo, ¿no la tomarías?”

Rosalie se encogió. “Si fuera posible, tal vez. Si estuviera en la situación de Bella, no creo que lo haría. Yo no cambiaría ninguna de las circunstancias que guiaron a Emmett hacia mí. No arriesgaría dejarlo pasar una eternidad solo; estoy segura que él se sentiría de la misma forma. Y estoy segura que también Bella lo hace. A demás, Bella no es del tipo que sienta cabeza y tiene una familia. Eso es demasiado ordinario para ella.”

Sonreí para mí. “Sería sorprendente de su parte el tomar la opción segura por una vez.”

“No quieres que ella se quede, ¿verdad?” preguntó Rosalie, conociendo mi tendencia hacia el sacrificio.

“No…no, hemos ido demasiado lejos para que yo vaya una eternidad sin ella.”

Rosalie palmeó una mano en mi hombro en un gesto muy como Emmett. “Dale a la preocupación un descanso, Edward. Sólo te darás a ti mismo un dolor de cabeza.”

La miré irse, sintiéndome sólo moderadamente mejor. Su consuelo ayudó, ¿pero cuánto podría hacer contra las imágenes que continuaban inundando mi memoria?

No se exactamente que pensar de ti, Bella. Hay momentos como este cuando creo que podrías sentir tanto como yo – y otras ocasiones es como si estuvieras millas de distancia, como si estuvieras soñando en alguien más…”

Alguien más como Jacob. Como su amor pasado. ¿Se aferraría ella a esos recuerdos para siempre, soñando continuamente con alguien que no la merecía? Yo podría hacerlo mejor. Yo podría ser bueno para ella.

Edward, lo prometo, cada parte de mí está contigo.”

Mi corazón tamborileó con esperanza. “¿Cada parte?”

Cada parte,” dijo ella. “Por supuesto, no es fácil dejar ir el pasado por completo – pero contigo… ahí es donde quiero estar.”

¿lo dices en serio?” presioné, preguntándome si sólo estaba tratando de ahorrar mis muy obvios sentimientos por ella. “No lo estás diciendo solamente –”

No mentiría sobre esto,” dijo, tan sinceramente que tuve que creer… y la alegría que vino con esa creencia fue poderosa.

Me casaría con esta chica. Estaba absolutamente determinado. La haría tan feliz que su amor pasado no sería más que un mal sueño, olvidado una vez despertara…

¿Qué quiso decir ella? Volví a estudiar sus palabras una y otra vez. “¿Era eso una doble charla? ¿Imaginé un extraño punto de énfasis cada vez que se dirigía a mi yo pasado, apuntando a ambos?… ¿o estaba siendo completamente honesta? ¿Era 1918 donde ella quería estar? ¿Estaba lista para dejar ir lo que había pasado en esta época, nuestros planes para el futuro?

Gruñí en voz alta. ¡Si sólo tuviera respuesta! Daría lo que fuera para hablar con Bella, para saber de seguro lo que quería. Saber me permitiría decidir mi forma de proceder. Podría esperar pacientemente si podía estar seguro que quería regresar a mí. Esperaría para siempre por ella. Pero si no regresaba nunca…

Supongo que debería llevarte a casa antes que te quedes dormida aquí en la pista de baile,” le dije a la chica casi quedándose dormida en mis brazos. Ella era adorable en su estado soñoliento, un pequeño mohín extra en sus gruesos y rojos labios. Sus oscuros ojos eran increíblemente cálidos mientras levantaba su mirada para verme.

Se quedó dormida en el auto, y saboreé la sensación de su cuerpo contra el mío, sus suaves curvas y su cálida piel bajo mis dedos. Tuve que seguir recordándome que estaba en mis brazos porque quería… no podía escaparle a la preocupación de que estaba aprovechándome o a la culpa de que estaba deseándola. Ella merecía mucho más que eso…

No queriendo despertarla, la cargué dentro. Ella despertó, protestando débilmente, pero no estaba dispuesto a bajarla. Cargándola de esta forma, como a una novia, con ella en ese vestido, hacía que mi corazón se creciera con alegría y esperanza. Algún día, tal vez, seríamos justo así, pero yo la cargaría dentro de nuestra propia casa, y dentro de una habitación que compartiríamos… sería completamente propio, en esa situación, el remover el vestido de su cuerpo, el tocarla como tanto deseaba…

Alejé las fantasías tan pronto como entré a su habitación. Hora de ser un caballero, y la trataría con todo el respeto que se merecía.

Ayúdame a quitarme los ganchos de mi cabello, había pedido. No podía estar más feliz; el deseo de pasar mis dedos por sus gruesos y sedosos cabellos me había acosado desde la primera vez que posé mi mirada sobre ella. Cualquier excusa para tocar, para sentir…

Todos los ganchos estaban libres, pero no podía dejar de tocar… su cabello era justo tan suave como había imaginado. Podía imaginármelo abriéndose en abanico bajo ella sobre una almohada; soñé con enterrar mis manos en él mientras me movía sobre ella, besando su suave boca, sosteniendo su cuerpo tan cerca como lo había hecho esta noche, mientras bailábamos…

Me alegra que hayas venido conmigo esta noche,” dije, encontrando un parche de piel donde acariciar.

Yo también me alegro,” dijo. Sus ojos eran tan inocentes. Era hora de irse.

Pero primero…un beso. Un beso sería aceptable, ¿verdad? No le había importado la primera vez. Así que toqué mis labios con los suyos, cuidadoso de no exceder cualquier línea invisible, y ella probó ser la tentación encarnada, ofreciéndome un ardiente y boquiabierto beso… la clase de beso que los amantes compartían entre sábanas… la clase de beso que me tendría caminando en la noche por algún tiempo…

Me alejé por necesidad. Si no lo hacía, seguiría presionando por más, y ahora no era el momento.

La dejé con renuencia, y esperé que no estuviera imaginando cosas cuando vi la misma desgana en su cara…

Los recuerdos eran lo bastante frescos para atormentarme, para recordar imágenes de noches ardientes en Italia y esos mismos besos apasionados… excepto que yo nunca había sentido la misma libertad como la que sentí en ese tormentoso recuerdo. Estar tan perdido en ella… que sensación tan exquisita… quise experimentarla de nuevo, como mi yo actual, una y otra vez…

… “¿cómo estuvo la fiesta? Preguntó mi madre sonriendo. “Llegaste bastante tarde.”

Estuvo fantástica,” admití, girándome para abrir la ventana donde pude ver niños jugando en la calle. Bella había salido, a ver a su amigo, el doctor; esta vez, se negó a dejarme venir. Traté de no dejar que eso me molestara.

Probablemente bailé con ella demasiado tiempo,” dije, sabiendo que mi madre no se calmaría con la respuesta simple que le había dado. “Estaba exhausta cuando llegamos a casa. Pero no pude evitarlo. Y no podía obligarme a dejar su lado toda la noche. Habrá chisme. Pero no me importa.”

Me giré de regreso a ella, evaluando la sonrisa irónica sobre su cara. “¿Qué? Siempre supe que te enamorarías de ella. Estaba por toda tu cara la primera vez que te vi hablándole.”

Quiero casarme con ella,” dije, inquieto. A mi padre no le gustaría. No se suponía que me casara hasta después de la escuela de leyes, y definitivamente no se suponía que me casara con una chica sin familia, sin dinero, y sin conexiones. Pero de alguna forma la desaprobación de mi padre no me asustaba tanto como solía. Lo arriesgaría por ella.

De nuevo, no estoy sorprendida,” sonrió mi madre. “Todas las cosas funcionarán, de alguna manera. Algún día. Puedo verlo.”

Fruncí el ceño. No era nadie para dudar de mi madre, pero definitivamente no me gustó la forma en que había expresado eso…

Fruncí el ceño también en el presente. ¿Qué sabía mi madre que yo no?

martes, 29 de septiembre de 2009

La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. “Only Human” pertenece a Amethyst Jackson. Tatarata hace la traducción.


Sólo Humano

Capítulo 10

La cena fue un evento abrumador. Estaba sentada a lo largo de una mesa extraordinariamente larga con Edward a un lado y un tímido y pelirrojo chico del otro. Se presentó a sí mismo como Arthur Mitchell, pero no obtuve mucho más de él.

Aunque la conversación fluyó rápidamente a nuestro alrededor, le hablé mayormente a Edward. Era descortés, lo sabía –incluso en mi tiempo, no era correcto el dedicar toda la atención de uno a una sola persona en un encuentro social-. Pero no pude evitarlo. Él era demasiado fascinante.

“Cuéntame sobre tu colegio,” dije, mi curiosidad despertó por nuestra previa confrontación con Norman. “¿Dónde es? ¿Cuánto tiempo has estado allí?”

Edward sonrió ante mi bombardeó de preguntas. “Es un colegio en Pennsylvania que prepara estudiantes para la educación superior – He estado allí por cinco años, ahora mi padre quiere que me vaya por el derecho, como él; Estoy seguro que ya ha tratado de jalar hilos en Harvard, aunque tengo un año más para ir.

Algo en su tono sugirió descontento. “¿Y no quieres ser un abogado?” supuse, aún picoteando de mi comida. Era una cena mucho más fina de lo que estaba acostumbrada, y estaba bastante inquieta por el hecho de que no sabía exactamente qué estaba comiendo… pero no quería parecer grosera por evitarla

“Supongo que sería una profesión tolerable, pero nunca me ha atraído mucho,” respondió Edward. Sonaba bastante relajado, pero me pregunté si alguna vez había hablado con alguien sobre esto.

“¿Qué te gustaría hacer entonces?” pregunté.

Edward sonrió ampliamente, “Ir a la guerra, por supuesto.”

Rodé mis ojos, luchando con el impulso de pincharlo con mi tenedor. Eso sería lo más poco femenino. “Además de eso. La guerra no durará para siempre.”

Frunciendo el ceño, Edward se puso pensativo. “No lo sé. Realmente nuca he pensado sobre ello. Me gusta la música... pero eso no es mucha profesión, ¿verdad?”

“Podría ser,” animé, “si quisieras que lo fuera. Podrías ser el siguiente gran compositor.”

Edward sonrió ampliamente. “Muchos de los grandes compositores fueron miserables. Sus vidas fueron realmente escandalosas, demasiado - ¿Cómo podría hacerle eso a mi futura esposa e hijos?”

Forcé una sonrisa, sabiendo que él nunca tendría esa vida. “Tal vez podrías romper el molde y volverte un compositor no escandaloso. Estoy segura que tu familia te apoyaría felizmente.”

Edward inclinó su cabeza. “¿Te casarías con un compositor?”

Oh, había una pregunta capciosa. “Si lo amara, si.” Bajé eso con un sorbo de agua.

“Hmm,” dijo Edward pensativamente, tomando un sorbo también. “Entonces, ¿de qué clase de hombre te podrías enamorar?”

Otra pregunta capciosa. ¿Cuán seriamente se tomaría mi respuesta? Juzgando por la mirada en su cara, tendría que ser cuidadosa. “Bueno…” comencé, “querría a alguien amable, pero con principios fuertes… Alguien que siempre se preocupara por mis intereses. Alguien a quien pudiera hablarle fácilmente, pero con quien también pudiera estar cómodamente sin hablar… Alguien que me amara incondicionalmente,” terminé. Si, eso serviría como respuesta. Todo eso aplicaba a Edward – ambos Edwards.

Fui librada de escuchar su respuesta por la aparición de los sirvientes viniendo a retirar el plato actual. Me tomé un momento para mirar alrededor del cuarto, y entonces lo lamenté – mis ojos se encontraron con Norman Bouchard, quién me ofreció una sonrisa torcida. Me volví, de regreso a Edward.

“¿Cuál es la historia con Norman?” pregunté, agarrando a Edward por sorpresa. “Realmente parecía que no te gusta él.”

“Es exactamente como te conté,” respondió Edward, pero supe que había más. Su mentón estaba tenso.

“¿No me estás contando porque es así de malo, o sólo estás asustado de ofender mis delicadas sensibilidades femeninas?”

La mueca de Edward se marcó más y tomó otro bocado de su comida, intentando ganar tiempo. “Es sólo que… él acostumbraba llevar chicas a nuestro cuarto. Y debí haberlo reportado, o tratado de detenerlo, pero…”

La risa burbujeó sólo bajo la superficie. Sólo Edward se sentiría culpable por no detener a su compañero de cuarto de tener relaciones con participantes dispuestas. “Él había encontrado una forma no importa lo que hicieras, Edward. Sólo te hubieras hecho tu propia vida miserable yendo contra él, me imagino. Él se ve del tipo vengativo.”

Su rostro de destensó – se veía tan aliviado. “Entonces no piensas que soy… que soy…”

“¿Un co-conspirador en una serie de obras cobardes? No, Edward, no lo creo,” dije, incapaz de contener la risa al final.

Aunque parezca mentira, me rodó los ojos a mí, cuando yo había estado luchando contra el impulso toda la noche. “Eso es divertido para ti.”

“Un poco,” admití avergonzada. “Pero dije que me gustaban los principios fuertes, ¿o no?”

Podría decir que entendió lo que quise decir pero no pude. Su sonrisa de respuesta fue brillante. “El siguiente plato será el último, sabes,” dijo Edward, cambiando el sujeto limpiamente. “Entonces el baile comenzará.”

Mi gemido fue embarazosamente duro. Me ruboricé mientras varias caras se giraron para mirarme. Cuando su atención volvió a estar ocupada con algo más, le pegué a Edward en el brazo – él se estaba sacudiendo de la risa.

“Sabes que me voy a parar sobre tus pies, ¿cierto?” siseé.

Él sonrió. “Si lo tengo a mi manera, te estarás parando sobre mis pies toda la noche.”

Al final, si bailamos, y pareció durar toda la noche. Edward hizo lo mejor que pudo conmigo, y él si bailaba muy bien… pero evidentemente sólo un vampiro podría lidiar con mi falta de coordinación, porque Edward tendría varios dedos lastimados después.

“¿Es esto tan horrible como te lo imaginaste?” Preguntó Edward en un susurro, abrazándome fuerte mientras dábamos vueltas alrededor del salón de baile de los Benedicts al ritmo de una lenta canción.

“No tanto,” sonreí, enfocada en su mirada. Aún no podía superar el profundo verde de sus ojos, como estos me atraían justo igual de fácil como sus ojos ámbar lo habían hecho siempre.

“Maldecido por el tímido elogio,” suspiró Edward, sus dedos apretándose levemente sobre mi cadera. “Supongo que tendré que trabajar más duro para impresionarte.”

Me reí entre dientes. “No necesitas impresionarme, Edward.”

“Para lo que quiero, si. Creo que aún tengo más impresión por hacer,” insistió. Temí saber lo quería decir exactamente con eso, por lo que no pregunté, y él no presionó el tema.

Estaba bastante contenta con estar en sus brazos justo ahora; no estaba completamente lista para afrontar lo que el futuro sostenía, aquí en esta época, con este Edward… acababa de llegar a aceptar mis sentimientos por este Edward. Mi amor por este Edward. Pero lo que eso significaba para mí, era más de a lo que podría hacerle frente.

Bailamos por dos canciones más. Yo estaba vagamente consiente de la gente alrededor nuestro – Norman guiando a Rebeca alrededor del piso, ella lanzándose sobre él como si fuera alguna clase de estrella de cine. No podría ahorrarles demasiada atención.

La multitud se estaba disminuyendo ahora; sólo los bailarines más persistentes permanecían. Sentí mis ojos cayendo conforme dependía más y más de Edward para que me mantuviera en pie.

Él se rió entre dientes. “Supongo que debería llevarte a casa antes que te quedes dormida aquí en la pista de baile,” dijo, alejándose a regañadientes, aunque su brazo permaneció alrededor de mi cintura para sostenerme.

“Probablemente una buena idea,” murmuré, dejándolo guiarme fuera del cálido cuarto. El Sr. y la Sra. Beneditc ya estaban en la puerta, despidiéndose de los huéspedes. Me obligué a mi misma a animarme para dar las cortesías usuales. Ellos no nos retuvieron mucho, y pronto estuvimos caminando hacia el auto. Bueno, Edward caminando; yo tropezaba.

Él incluso me levantó dentro del carro. Cuando se metió, me jaló hacia su lado, y yo dormité contra su hombro mientras conducíamos a casa.

Desperté por un extraño movimiento de balanceo, y después de aclarar mi visión, me di cuenta que Edward me estaba cargando dentro de la casa.

“Yo puedo caminar,” mascullé, luchando para bajarme.

“Quédate quieta o podría dejarte caer,” dijo, ya cargándome por las escaleras. Me relajé, bastante contenta, aunque no podía imaginarme tan liviana como una pluma para este Edward.

Edward entró a mi cuarto y me ubicó gentilmente sobre la cama. Yo luché por quedarme sentada.

“¿Necesitas ayuda? Puedo conseguir a mi madre,” ofreció, ya tirando los guantes fuera de mis manos.

Sonreí. “No, no, no la despiertes. ¿Pero podrías ayudarme a quitarme los ganchos de mi cabello? No creo que pueda encontrarlos todos…”

Se rió. “Está bien.” Encendió uno de los candelabros de pared y regresó a mi, frunciéndole el ceño a mi cabello. “Cielos santo, ¿qué le hizo mi madre?”

Resoplé. “Eso es lo que toma hacer hermosa a una chica como yo.”

Edward sacudió su cabeza, quitando ganchos de dondequiera que podía encontrarlos. “Tú siempre eres hermosa, chica tonta.”

“Sólo tú pareces pensar eso,” dijo con un suspiro que rápidamente se transformó en bostezo. “Tal vez eso quiere decir algo.”

“Tal vez,” acordó suavemente. Su mano descansó sobre mi hombro mientras buscaba los ganchos escondidos en la parte de atrás.

Estuvimos en silencio mientras terminaba; saboreé la sensación de sus dedos rozando contra mi cuero cabelludo, mi cuello. El calor de sus dedos era extraño pero innegablemente placentero…aún se sentía como Edward tocándome, hasta las chispas que fluían a través de nuestra piel.

“Listo,” murmuró mientras el último de mis cabellos caía libre. Suspiré aliviada.

“Gracias.”

Sus dedos siguieron buscando a través de mis indudablemente enredados mechones. Me incliné hacia su roce, permitiéndome a mi misma el disfrutarlo.

“Me alegra que hayas venido conmigo esta noche,” dijo en voz baja. Los dedos que estaban en mi cabello se movieron para masajear la sensitiva piel tras mi oído. Por el placer hice “hmm” y sus movimientos se detuvieron.

“Yo también me alegro,” logré decir, mirando hacia sus oscuros ojos – ojos lujuriosos. Tragué con dificultad.

“Debería dejarte dormir ahora,” susurró, alejando su mano por completo.

Quise pedirle que se quedara, pero sabía que podría pasar si lo hacía, y eso tendría consecuencias. “Vale.”

“Buenas noches, Bella,” suspiró. Se agachó y me besó de manera inocente, pero yo lo abracé hacia mí, besándolo de regreso. Abrí mi boca contra la suya, suficiente para que entendiera lo que yo quería. Nuestras lenguas se deslizaron juntas sensualmente, apasionadas y deseosas. Gemí, y él se alejó abruptamente como respuesta.

“Mejor me voy… antes que haga algo que ambos lamentaremos.”

Traté de poner bajo control en rubor en mi cara. “Si, eso puede ser lo mejor.”

Él sonrió con melancolía, permaneciendo en la puerta. “Buenas noche,” dijo de nuevo.

“Buenas noches, Edward.”